Ellos no lo entienden

Mi amiga Dalia observando los templos de la región de Bagan, en Birmania

Mi amiga Dalia observando los templos de la región de Bagan, en Birmania

De vez en cuando recibo emails o comentarios en el blog de lectoras que mostráis vuestras dudas y miedos de viajar solas.

Hasta ahora no había tratado el tema de manera diferente a cuando me lo preguntaban ellos. Durante mi viaje conocí muchas chicas que viajaban solas, o que habían empezado así y se habían juntado luego con otros grupos. Así que, ¡claro! ¿Por qué iba a ser distinto? ¡Adelante viajera!

Sin embargo hace un par de semanas la noticia de que dos chicas argentinas fueron asesinadas durante su viaje a Ecuador por oponerse a ser violadas trastocó mis esquemas.

Me di cuenta de que no es lo mismo.

Comencé a rememorar mi viaje en solitario, recordando algunas de las situaciones en las que me sentí más expuesto, y empecé a cuestionarme si me hubiese sentido igual de cómodo siendo mujer.

Imaginé todas esas situaciones en mi cabeza, sustituyendo mi persona por la figura de una amiga cercana.

¿Habría aceptado alojarme en una casa perdida en la selva de un chico de Malasia que acababa de conocer en el avión?

¿Habría hecho autoestop en Nueva Zelanda? ¿Me habría perdido por los barrios de las afueras de Chongqing? ¿Habría subido en la moto de aquellos desconocidos para ir a una fiesta en Bali?

Probablemente no...

Cuando salía por la noche en Chiang Mai o en Vientiane apenas llevaba en el bolsillo un manojo de billetes sujetos por una pinza de pelo. Un mochilero casi en la treintena, de metro noventa y con pocas cosas de valor. ¿Qué era lo peor que me podía pasar?

Entiendo que para ti no es lo mismo.

¿Sabes qué? No sé que objetivo tengo al escribir esta entrada. La conclusión, la moraleja… No estoy seguro de que haya una.

Tal vez solo quiero que sepas que te entiendo. Que la próxima vez que me cuentes tus miedos de viajar sola, tus dudas, no frivolizaré con mi respuesta.

Que la próxima vez que nuestros caminos se crucen admiraré tu coraje. Admiraré tu valentía por ignorar a aquellos que piensan que por ser mujer tu lugar está al lado de un hombre.

Y que quiero que sepas que, a pesar de todo, seguiré animandote a recorrer el mundo. Porque eso te hará crecer. Porque te hará conocerte a ti misma.

Porque estás en tu derecho de decirlo bien alto: #ViajoSola.

* * *

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17 comentarios

  1. Gracias por compartir esto Bosco. Es importante que los hombres también alcéis la voz ante cosas así. Y da gusto que no lo hagas desde la condescendencia sino desde el apoyo y la comprensión.

    Yo nunca he viajado sola pero me gustaría poder hacerlo algún día. La verdad es que la noticia esta fue un mazazo en mis planes y aún no estoy segura de si seré capaz de aventurarme. Te iré contando 🙂

    Gracias por seguir escribiendo.

  2. Me encanta viajar y es algo que llevo muy dentro, desde que era una niña. No obstante, he vivido situaciones tela de chungas propias de ser mujer y la verdad, es que a la hora de adentrarme en terrenos un poco más alejados me lo pienso. Me jode tela, porque me repatea que tenga que replantear toda mi existencia y lo que más feliz me hace porque hay una tendencia generalizada a que las mujeres somos algo así como perros o mercancía y que se puede hacer lo que se quiera con nosotras sin mucha trascendencia. La única manera es de solucionar esto, bajo mi punto de vista, es prepararse bien (planificar y a ser posible entrenarse de alguna forma en defensa personal) y también mentalizarse psicológicamente de que este es el precio a pagar y aunque no sea seguro que pase (faltaría más), las estadísiticas generales son bastante desalentadoras. Ahora no me acuerdo de las cifras exactas, pero creo que eran o bien una de cada 3 o una de cada 5 mujeres sufrirán violencia sexual a lo largo de su vida. Y creo que esas cifras serían más altas si las propias mujeres habláramos más y si todos como sociedad dejáramos de quitar hierro a estos asuntos. Pero no preveo que ocurra en un corto plazo.

    Creo además, que todas las mujeres hemos sufrido en algún momento aproximaciones de tipo sexual y no siempre es fácil saber qué reacción es la adecuada, porque igual quien tienes en frente es un psicópata como el o los que mataron a estas chicas.

    Y sí, por supuesto, viajar sí, pero con doble precaución especialmente al principio o si no ves venir a la gente. Es una mierda muy grande, pero es lo que hay.

    (que conste que no quiero infundir miedo, ni ser negativa, conozco a muchas chicas a las que no les ha pasado nada, al menos que lo hayan dicho, pero hay que conocerse muy bien y ser realistas con los riesgos).

    1. Hola Rosana, gracias por tu comentario 🙂

      Creo que tu frase "es una mierda muy grande, pero es lo que hay" resume perfectamente mi entrada :S De ahí mi frustración al escribir una entrada sin conclusión ni moraleja.

      Un abrazo

  3. ¡Muy buena reflexión sin moraleja :-P!

    Desgraciadamente no es lo mismo, por mucho que queramos hacer ver que lo es. Siempre que emprenda un viaje sola oiré varias veces ¡Qué valiente tu sola! Y aunque yo no me sienta así, puede que sea verdad.

    Un abrazo,

    Flavia

  4. Genial entrada! Es cierto, viajar solo/a te hace crecer y lo hace en base a las experiencias que te vas encontrando por el camino. Por desgracia, parte del mundo sigue creyendo que las mujeres somos el sexo débil, si no, no pasarían cosas como lo de estas pobres chicas. Como mujeres, estamos más expuestas y este es un problema de la sociedad, pero no sólo cuando viajas, hay intentos de violación y mujeres maltratadas cada día en todos los países del mundo y en general no creo que el hecho de viajar te exponga más a estos peligros pero si que creo que hay paises en los que hay más peligros. En mi caso, he sido bastante más precavida cuando viajo que en casa, sobretodo con el tema de salir de fiesta, pero he disfrutado de mil y una aventuras más y no tengo la sensación de haberme perdido nada, al contrario. He intentado evitar situaciones de riesgo y también es cierto que las he tenido y me siento muy afortunada y doy las gracias por haber salido airosa de ellas. Lo importante es que no te paralice el miedo y aprendas de los errores, hay que aprender a medir el riesgo.
    Tengo que decir que el hecho de ser mujer también te abre muchas puertas, las mujeres empatizamos mas con otras mujeres sobretodo cuando te encuentran sola en la otra punta del mundo. He vivido momentos únicos bañandome desnuda con unos bufalos en un río con una abuelita, tomando té durante horas con mujeres de la edad de mi madre sin hablar el mismo idioma, empatizando con niñas huérfanas, bailando con grupos de mujeres... Situaciones que seguramente los hombres no habéis vivido, es la complicidad entre mujeres... Las miradas profundas, las caricias, esta comunicación no verbal tan valiosa y que dice tanto cuando estas con alguien con quien no puedes intercanviar palabras. También es justo mencionar el instinto protector que despierta a muchos hombres el ver a una chica sola, instinto protector, no sexual.
    Podría escribir un post XD, en resumen que me encanta ser mujer! Un abrazo!

    1. Hola Carme,

      Totalmente cierto, el riesgo está siempre, pero es cuando viajas cuando te muestras más expuesto, por las situaciones inesperadas que van surgiendo.

      Y también de acuerdo con lo que dices de la empatía 🙂

      Un abrazo!

      Bosco

  5. Buena nota. Recomiendo (si tienen ganas, el nombre del diario que lo publicó no lo recuerdo) buscar en diarios de Argentina una nota interesante de una periodista que daba a entender el machismo dominante aun hoy día.
    Es que hay algo que no entendemos evidentemente... Ella NO viajaban solas..
    Eran dos chicas, adultas, mayores de edad, a los que la sociedad les pide y exige de igual manera esfuerzos que a cualquiera, eran dos, viajando por un país que es un estado de derecho.

    Pero decimos que les paso porque "Viajaban solas"...

    Creo que hasta que no cambiemos esa forma de ver, de pensar, no podemos cambiar el tema de fondo tampoco.

    Me gusto leer esta nota, saludos, José

  6. Hola Bosco,

    Muy bonito el post, a mi me pasó algo parecido en India. Una amiga me dijo que tal viaja allí, yo llevaba viajando solo 2 semanas y le dije que ningún problema.
    Después viajé con una chica un mes y me acordé mucho de mi amiga, me di cuenta de todos los desafíos a los que se enfrenta una mujer que los hombres no afrontamos. De aquello salió este post que quizas le sirva a alguna chica. http://elsindromedelamochila.com/relatos-viajeros/es-seguro-para-una-mujer-sola-viajar-por-la-india/
    Saludos y contento de que hayas vuelvo por la blogosfera.

  7. Hola Bosco,
    como mujer te doy las gracias por entendernos. Me gusta viajar, y las últimas veces ha sido sola, aunque no del todo: viajes organizados, encontrarme con amistades,... Hace 10 años me arriesgaba, ahora me lo pienso más. Estas chicas no viajaban solas, eran dos e incluso así fueron atacadas.
    A todo el mundo le puede pasar algo cuando viaja, y también en su casa. Más de dos veces me he llevado algún susto volviendo a casa de noche.
    Pero no por eso dejo de salir de casa, y no por eso dejaré de pensar en viajar.No es justo, ni lógico, pero con los años te das cuenta que hay que tomar ciertas precauciones.
    #ViajoSola.

  8. Hola! Gracias por el post y la comprensión.
    Yo vivo en Argentina y la semana pasada me fui de vacaciones a la provincia de Salta, sola. Luego de la noticia de las chicas en Ecuador, recibí comentarios, opiniones y hasta un "no vayas para alla...." de mi papá. Sin embargo, viajé. Y la pasé genial.
    Yo creo que una debe tomar precauciones, informarse sobre el lugar a visitar y tener cuidado; pero de ninguna manera nos podemos atemorizar y quedarnos adentro. Coincido con el comentario de arriba, te puede pasar cualquier cosa en cualquier lado, incluso estando en tu casa.
    El mundo es un lugar maravilloso y la vida es corta como para quedarse adentro.
    Saludos, Vero

  9. Viajo bicicleta en solitario. Cuando relato el acoso, las persecuciones, los abucheos, el cansancio de ir constantemente expuesta, se muestra comprensión... y cierto paternalismo que da a entender que me falta capacidad de adaptación, horas de vuelo, de que a ellos también les pasan muchas cosas desagradables de las que no se quejan tanto, de que algo malo hay en mí que me impide lidiar con el mundo, tan maravilloso. Y decides no comentar mucho, adoptar un tono moderado, porque viajar compensa todo eso y porque un relato atinado de lo que te encontrarás puede asustar a muchas o hacerte parecer hipersensible o amedrentada. Hasta que algunas empezamos a abrir el melón, como esta chica, Tamara. Suscribo punto por punto todo lo que ella cuenta.
    Tamara Gámez Ramos
    Soy mochilera, con lo que eso significa. Soy mujer y viajo sola (en mi caso) con bajo presupuesto. Ahora estoy en Sri Lanka, gastando unas rupias en una cafetería de Kandy. Son las 15.27 hora local.
    Para llegar hasta aquí he cruzado dos veces desde el templo del diente, cogido la avenida de la derecha, girado por la primera a la izquierda, dos veces, y me he sentado y pedido.
    Para llegar hasta aquí un señor mayor me ha hecho un scanner con la mirada y me ha seguido en parte de mi recorrido, insistiendo: “ven, ven…tú y yo Hotel…”. Tres chicos jóvenes han obviado 20 metros de acera para pasar cerca de mí, buscando tocarme, tratando de cruzar su mirada con la mía. Seis hombres que no me conocen me han hablado, sin la intención de ofrecerme entrar a su negocio. Uno me ha seguido hasta pedirle que no lo hiciera.
    Al principio piensas que es simpatía. En tu nueva aventura en un país distinto lo achacas todo a la cultura. Recuerdo mis primeros días en India, cuando le contaba a mi familia: “¡qué gente tan amigable!” Luego te das cuenta de que no es gente, sino hombres los que se dirigen a ti todo el tiempo, y que no es tu amistad lo que buscan, de hecho, tú no les importas un carajo; eres mujer y eres extranjera, es suficiente.
    En mi afán, de nuevo, de interpretar todo desde la cultura, me decía a mí misma: “es su manera de entender las relaciones, no cuestiones ni tengas prejuicios”. Pero, sin duda, esto solo era mi manera de justificar el acoso que vivía cada día para no volver corriendo a casa y sentir mi experiencia como un fracaso. Cuando decides empezar a viajar nunca te imaginas regresando por ningún motivo que no sea la decisión de que tu casa te parece mejor y punto, pero tampoco te imaginas que te vas a sentir acosada cada día, con frecuencia; mucha frecuencia, a veces.
    Cuando decidí viajar sola por Asia, se me pasó por la cabeza que la inseguridad podría ser un problema, y busqué en relatos de experiencias de otras mujeres algunas pistas sobre el tema. Ahora puedo decir que en ninguno encontré la realidad que estoy viviendo. En un chapuzón en discursos feministas, incluso, colgarse la mochila era signo de valentía. El empoderamiento de aquellas que superan los miedos (que no son para tanto, según dicen) y se atreven. En blogs y guías de viaje (escritas por hombres desde sus experiencias), encontré algunos fragmentos sobre el tema. Lonely Planet y “La guía azul”, con miles de ejemplares vendidos, así como blogs de gente que viaja, no solo reducen el acoso a los roces intencionados en el autobús sino que, algunos de ellos, ponen el acento en que los problemas pueden surgir si las viajeras no vestimos según la norma o no seguimos lo que se espera de las mujeres de la cultura a la que llegamos. Por desgracia, ya estoy acostumbrada a esta trampa… No, nada legítima el acoso. Que lleve unos pantalones por encima de la rodilla no es motivo para que un recepcionista de Hotel robe mi número y me escriba insinuándose antes de intentar entrar en mi habitación, que un dependiente me meta en el trastero y cierre la puerta mientras intenta tocarme, que un grupo de chavales haga chasquidos cerca de mi trasero mientras canta: “go, baby, go…”, ni ninguno de los más de veinte “Hello, Madame” con mirada lasciva que escucho al día. Y, está claro, que deje mi número en el formulario de datos de un Hotel, meterme en un trastero, hacer un trekking o caminar sola por la calle-de noche o de día-tampoco son los motivos. Como tampoco lo fue alojarse con desconocidos para Marina y María José, las mochileras que han asesinado recientemente en Ecuador; o ir a la pequeña selva de Arambol (India) para la canadiense que violaron en diciembre mientras que yo estaba a unos metros del sitio donde lo hicieron.
    Ahora sé que tampoco iba tan desencaminada. Todas estas agresiones sí son cuestión de cultura; de la cultura machista. Y, por supuesto, todo esto solo puede entenderse desde el patriarcado.
    En estos seis meses, he conocido personas de muchos países que también están viajando, así como gente local en cada uno de los lugares que he visitado. He escuchado decenas de explicaciones y, me reitero, si no se habla del patriarcado, mucho me temo que son justificaciones para estas agresiones machistas.
    Es cierto que algunos países asiáticos están viviendo procesos que abren nuevos espacios y estrategias de acoso. Que el acceso masivo a Internet de los indios, por ejemplo, haya llevado a una descarga y consumo desorbitado de porno (donde la actriz no es India, está claro) fomenta el ideario de cómo creen que vivimos la sexualidad las mujeres del “oeste” y lo que se puede hacer con nosotras. Pero no es este el motivo de sus agresiones. La culpa no es de Internet, ni del porno, ni del color de la cara de la actriz. La es del machismo, nada más (y nada menos).
    He escuchado muchas veces que todo esto sucede por la culpa de las viajeras que se acuestan con algunos de los chicos locales, pero, sinceramente, ¿significa eso que todas las extranjeras quieran acostarse con todos los chicos autóctonos y que el acoso y/o la violación son las maneras de conseguirlo?
    En estos meses me he dado cuenta de que en los espacios y grupos donde nos movemos personas con una motivación solidaria o más comunitaria, se ha generado cierto miedo a hablar de las violaciones y agresiones machistas en otros países y eso nos ha hecho un flaco favor a las mujeres que nos hemos colgado la mochila. Parece que hablar de las basuras de otras casas nos convierte, automáticamente, en etnocéntricos o supone creer que en la nuestra no hay nada que barrer. Pero no hablar de la realidad no es la solución, o no la fue para mí cuando quise saber con qué iba a toparme antes de mi viaje y no encontré nada acertado. Si esto es un artículo de agresiones machistas a mochileras no tengo que hablar de lo interesante que es Varanasi o lo majas que son algunas personas locales; te cuento que todas las mujeres que viajan solas, y que he conocido, han tenido experiencias similares, que el tío que te ofrece enseñarte la realidad de la India en su moto, el que te insiste con un masaje ayurvédico o de apertura de chakras, o los Beach Boys (como la gente local los llama) del sur de Sri Lanka son calcomanías esparcidas por todas las ciudades y playas y que nada de lo que te ofrezcan querrán que sea gratuito y que, por supuesto, que lo aceptes no significa que tengas que dar nada a cambio.
    Saber a lo que vas a enfrentarte, en mi opinión, es lo que puede ayudarte a asumir el viaje. No quiero ver cómo más compañeras malgastan sus ahorros en un viaje precipitado de vuelta, ni cómo se derrumban pensando que no están todo lo empoderadas que deberían. No quiero que ninguna de ellas, ni quienes las escuchen, justifiquen y asuman el acoso y, sobre todo, no quiero que existan motivos que eviten que contemos o se escuchen la realidad de nuestras historias.
    Por mí, por mis compañeras, y por mí primera…

    1. Joder... Qué testimonio más duro. Pero necesario, desgraciadamente.

      No he estado en India ni en Sri Lanka, pero como bien dice Tamara, sí existe una tendencia a ocultar las partes negativas de un viaje y solo quedarnos con las fotos de risas y paisajes que colgamos en Facebook.

      Me alegra que se denuncien estas situaciones. Y te agradezco tu aporte, Susana.