Nubes blancas

—¿Qué ha sido lo último que has aprendido? —me preguntaba Antonio en una entrevista de podcast hace un par de días.

Lo pensé unos segundos y le dije:

—Esta mañana he aprendido por qué las nubes son blancas.

Le conté que, desde hacía un tiempo, había descubierto algo me había permitido volver a ver el mundo con los ojos de un niño.

Y ese algo era la aplicación móvil de ChatGPT.

Antes, en mi caminata diaria hacia las pistas de tenis, escuchaba un podcast o algo de música. Ahora empleo el asistente de voz de ChatGPT para saciar mi curiosidad. Le pregunto sobre la filosofía del absurdo de Camus, le pido que me narre una campaña de Alejandro Magno o que me explique principios de la física con vocabulario simple.

Digo que he vuelto a mirar el mundo como un niño porque cuando somos niños observamos, curiosos, a nuestro alrededor, preguntando a nuestros padres: «¿Por qué? ¿Cómo funciona? ¿De dónde viene?».

Hasta que dejamos de hacerlo. Quizás porque nos damos cuenta que nuestros padres no lo sabían todo. Quizás porque la sociedad nos obliga a memorizar otras cosas, de esas que «van para examen», en lugar de permitirnos continuar persiguiendo nuestra curiosidad. Y esa inquietud se atrofia; esa mirada se pierde.

Por eso, cuando esa mañana alcé los ojos al cielo y volví a preguntarme, por primera vez en décadas, por qué las nubes son blancas, escuché la respuesta y volví a sentirme como un niño.

PD: Antes escribía en este blog. Ahora comparto ideas y aprendizajes para emprender en la newsletter de SinOficina. Recíbela tú también cada domingo:

¿Quieres compartir este artículo?