Hace unas semanas un redactor de la revista VICE me llamó para hacerme unas preguntas sobre minimalismo que luego usaría en una de las publicaciones del medio digital.

Unos días más tarde salía el artículo que, para mi sorpresa, encabezaba una foto mía donde aparezco sentado con mi portátil sobre las piernas.

Y con ello llegaron los haters.

Unos más o menos educados, otros me llamaban directamente imbécil.

Es una sensación rara la primera vez que te atacan en público. ¿Qué haces? ¿Entras en el debate? ¿Pasas y dejas que se ceben?

"Pero sus estridentes ladridos / sólo son señal de que cabalgamos" - Goethe (Ladrador, 1808)

Sin embargo todo esto me ha hecho pensar, hacer autocrítica para entender la situación. ¿Conclusiones? Aquí van:

Entendiendo el minimalismo

El minimalismo no es, como dice el título del artículo, vivir con lo justo sino vivir con lo esencial (¡que es algo muy distinto!). Y cada uno define qué es lo esencial e importante en su vida según su propósito y objetivos.

El minimalismo es entender el valor de las cosas y lo que te aportan. Yo no tengo casa, ni coche, ni videoconsola, ni televisor, ni ropa de marca, porque nada de eso me lleva a viajar más, ser más productivo en mi trabajo, aportar más valor al mundo o, en general, ser más feliz. Sin embargo tengo un portátil más caro que la mayoría porque es mi herramienta de trabajo, con la que me gano el dinero que luego me permite seguir viajando.

Entendiendo los medios digitales y las redes sociales

Fíjate cómo publicó VICE el artículo en Twitter:

"Dicen que pasan de lo material". Y justo debajo mi foto con el Mac. Caldo de cultivo para haters.

Voy a explicarte cual es la herramienta de viralización más importante que tienen los medios digitales: la polémica.

Facebook y las demás redes sociales usan unos algoritmos para determinar el alcance de una publicación. Uno de los parámetros más importantes es el número de comentarios. Por lo tanto, el objetivo de muchos medios para conseguir que sus publicaciones lleguen a más gente es, en la medida de lo posible, fomentar que se genere debate.

Aunque al final leas la entrada, un titular así va a hacer que la empieces con una idea predefinida. La lees esperando que justifique la conclusión que ya has tomado: "Este tío es un hipócrita".

Adoptando nuevas creencias

Por último, habiendo repartido ya la culpa entre mi incapacidad de explicar bien qué es el minimalismo y la ayuda recibida por parte del medio para crear un debate sano y objetivo, los haters no se van a librar 😉

Las decisiones que tomamos muchas veces se basan en creencias que hemos adquirido de nuestro entorno y que nunca nos hemos cuestionado. Cuando alguien las pone en duda, nuestro primer impulso es atacarlo. Es un mecanismo de defensa con el que camuflamos nuestra inseguridad e intentamos convencernos de que nuestra creencia, esa en la que se han basado tantas decisiones en el pasado, es inquebrantable y verdadera.

Si mi testimonio como minimalista te incomoda es porque choca con tu creencia de que eres lo que tienes. Y cuestionar una creencia tan interiorizada en nuestra cultura ultra-consumista es muy, muy difícil.

De ahí la importancia de aceptar que tenemos prejuicios, identificarlos e intentar abrirnos a nuevas ideas. No se trata de adoptar impulsivamente todo lo nuevo sino de cuestionarlo con la mente abierta y saber tomar la parte valiosa.

Cómo ver el mundo con nuevos ojos, según el neurocientífico Beau Lotto (® Pictoline)

Y, en última instancia, respetar a aquellos con creencias distintas a la nuestra.

.Don't be a hater. Be a pingüino.

¿Qué opinas? ¿Estaban justificados los comentarios? ¿Te ha pasado a ti?

Te cuento cómo fracasé con mi última idea de negocio en apenas 24 horas y por qué es importante que tú también falles rápido.

La marina de Copenhague, en Dinamarca, donde desarrollé la idea.

Y esto ocurrió mientras visitaba Copenhague, Dinamarca.

La "gran" idea

Hace un par de semanas tuve una gran idea (o eso pensé yo). La plataforma de mi curso online Lanzzame había gustado mucho y se me ocurrió que podía aprovechar la misma estructura web para crear una plantilla ya preparada para que otra gente pudiese tener también una plataforma desde la cual crear y gestionar su curso online.

La idea se basaba en las siguientes suposiciones:

  1. Crear un curso online es una buena manera de complementar la venta de servicios y generar unos ingresos extras, además de ser una herramienta para destacar como experto en tu sector.
  2. Tener una plataforma online propia requiere una inversión elevada de tiempo y conocimientos (si te la haces tú) o económica (si te la desarrollan personalizada).
  3. Las plataformas de terceros (Udemy, Teachable, Tutellus...) son una buena opción para empezar o para un perfil determinado por su sencillez de uso y mínima inversión inicial, pero a largo plazo sus condiciones (política de precios, comisiones, etc.) hace que sean menos rentables.
  4. Existe un nicho de mercado interesado en tener una plataforma propia y que sacrificaría personalización a cambio de reducir el precio.

¿Qué hice? ¿Me puse a desarrollar la plantilla de la plataforma? ¿A diseñar una demo para que pudieses ver el diseño final? ¿Me puse a grabar los vídeo-tutoriales explicativos? ¿A redactar la guía PDF? ¿A diseñar una marca y un logotipo con alma?

No. Todo eso me habría llevado varias semanas y ni siquiera me habría asegurado su rentabilidad.

En lugar de eso lo que hice fue lo siguiente:

  1. Compré el dominio miacademiaonline.com. Me costó menos de 10 euros.
  2. Creé una landing page de pre-lanzamiento (que aún puedes ver aquí) donde expliqué en qué consistía Mi Academia Online, dando la opción de adquirir el servicio/producto a mitad de precio a sabiendas que tardaría un poco más por estar en desarrollo.
  3. Redirigí el dominio a la página de pre-lanzamiento y la compartí con un segmento de suscriptores que habían indicado estar interesados en crear su propio curso online.

Apenas tardé unas horas en implementar todo esto.

¿Y cuántas ventas tuve?

Cero.

¡Boooom! Exitazo.

Me había equivocado en la cuarta suposición: No existía tal nicho de mercado. La mayoría de gente que crea un curso online elige una plataforma de terceros por su nula o reducida inversión inicial. Y la minoría que "va más en serio" y que quiere los beneficios de tener una plataforma propia no les importa invertir un poco más en tener algo mucho más personalizado y a medida del proyecto.

Pivotaje y aprendizaje

Obviamente lo que hice no fue eliminar la página y olvidarme del proyecto, sino pivotar y modificar esa página (así ha quedado la actual) para enfocar el servicio a ese nicho de mercado que quiere una plataforma web propia y a medida donde crear y gestionar su curso online.

¿Por qué te cuento esto? Porque no te imaginas la cantidad de gente a mi alrededor que inicia su aventura emprendedora haciendo un montón de cosas menos la más importante:

Validar tu idea.

Olvídate del branding, del marketing, del growth hacking y del resto de -ings y céntrate en averiguar lo más rápido posible si tu idea es viable y poder así pivotar o cambiar tu modelo de negocio en caso que no lo sea.

¿Cómo puedes hacer esto?

  1. Deja de preguntar a tus amigos y familiares si tu idea les parece buena. ¡Claro que tu madre va a decir que le encanta! En lugar de eso habla con los que serán tus clientes, escúchales y entiende sus problemas. Pregúntales si estarían dispuestos a pagar por ese servicio/producto.
  2. ¿Puedes hacer un pre-lanzamiento o una pre-venta? Es interesante que incluya un incentivo (descuento en el precio, servicios extra...) que compense la incertidumbre del proyecto. Un ejemplo de esto son las plataformas de crowdfounding.
  3. No intentes crear un producto 100% finalizado y con todas las funciones que has pensado que quieres que tenga. En lugar de eso crea un PMV (Producto Mínimo Viable) con las funciones fundamentales y que le dan sentido. Posteriormente puedes ir añadiendo las secundarias a medida que escuchas a tus usuarios y/o clientes.

De esta manera evitarás haber gastado más dinero y estado más tiempo del necesario en una idea de negocio que has de revisar o abandonar.

Como dicen los americanos: Fail fast, fail cheap. Falla rápido, falla barato.

Y sigue trabajando.

Mi viaje alrededor de Perú. Cuarenta días entre montañas, selvas tropicales, desiertos, cañones, lagos, ruinas incas, ciudades coloniales y fantástica comida. Con escapada a Bolivia incluida.

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Ayer recibí el email de una lectora del blog. Entre otras cosas me escribía: "Una mente empieza a funcionar cuando se abre y te quiero dar las gracias por compartir tus vivencias y hacer que me plantee muchas cosas con cada post, cada uno es único. ¡Ojalá escribieras más a menudo!"

Ojalá, pensé yo también.

Pero el email me había tocado así que volví a abrir el documento en el que vuelco todas mis reflexiones que me van surgiendo cuando viajo y cuando no lo hago, a ver cual recuperaba y convertía en entrada. Luego me di cuenta de que era festivo. Y encima puente. Es un mal día para publicar un post.

Al final no escribí nada, como siempre.

¿Sabes qué? Me he dado cuenta de que me encanta escribir, pero no sé en qué momento apareció todo "lo demás". Me refiero a que me encanta coger mi libreta y volcar lo que va saliendo de mi mente. O abrir mi editor de texto minimalista y hacerlo en mi portátil desde un sitio tranquilo.

Pero entonces, cuando ya he acabado la entrada, viene el resto:

Tengo que elegir un título atractivo.

Tengo que buscar una buena imagen, editarla y optimizarla.

Tengo que pensar una intro que te incite a seguir leyendo.

Tengo que elegir una palabra clave y optimizar el texto para Google y compañía.

Tengo que elegir bien el día para publicarlo. Nunca en fin de semana. La gente tiene mejores cosas que hacer en su tiempo libre que leer mis ralladas.

Tengo que compartir la publicación en todas y cada una de las redes sociales. Y a distintas horas, claro.

...

Fuck that.

No, de verdad, fuck that. Esta mierda es la que hace que no disfrute escribiendo y, por lo tanto, que no lo haga tan a menudo como me gustaría.

Obviamente toda esa parte de marketing y optimización se hace para ir llegando cada vez a más gente. Pero al final la pregunta es la de siempre: ¿para quién escribo?

  1. Para mí. Porque me gusta, joder (importante el uso de comas).
  2. Para gente lo suficientemente inteligente como para no caer en el titular fácil o no empezar a leer un texto porque no tiene una imagen bonita al principio.

Y esa es la gente que quiero respetar, sobretodo la primera. Así que he decidido tomar una decisión radical: Voy a eliminar toda la "grasa" que envuelve mi blog para dedicarme a una sola cosa: escribir. Ya emplearé esas estrategias en mis otros proyectos o con mis clientes, pero no aquí, no en mi refugio.

Además, después de haber estudiado todo tipo de estrategias de marketing online, me he dado cuenta de que la clave es una: crea algo tan cojonudamente bueno que sea la gente la que haga el marketing por ti . Ese es mi objetivo y debería ser también el tuyo. ¿Por qué menos? Todo lo demás es paja.

Hagamos un pacto: Si algo de lo que escribo te gusta, inspira o te resulta útil y crees que conoces a alguien a quién también pueda gustarle, compártelo. Por email o con un mensaje privado. Que sepa que has pensado específicamente en él o ella. A cambio prometo publicar más a menudo porque me sentiré más cómodo y con menos barreras.

¿Trato?

En fin, perdona por el rollo. Supongo que la lección de todo esto es hacerte reflexionar sobre aquellos procesos que te frenan a la hora de sacar a la luz lo que verdaderamente te apasiona y ofrece valor al mundo.

Localízalos. Elimínalos.

Simplifica.

Si en una entrevista de trabajo te preguntan con qué animal te identificas y te vienen a la cabeza el león, el elefante o el delfín, vuelve a pensarlo. Te presento a tu nuevo animal favorito: El pingüino.

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Este septiembre lo empiezo con ganas y a lo grande: rediseñando por completo mi página web y presentando la lista BIP.

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Hablando con una estatua en Gerona

Siempre se me ha dado mejor hablar con estatuas

Hace casi 3 meses que no publicaba una entrada.

A pesar de que tengo una barbaridad de notas y entradas a medio escribir. A pesar de que recibía de cuando en cuando mensajes preguntándome por qué había parado de escribir y animándome a seguir haciéndolo. A pesar de que escribir una entrada a la semana era uno de mis objetivos de #Equili3rium...

A pesar de todo eso, no encontraba el momento de sentarme a hacerlo.

Es verdad que estas últimas semanas he ido de cabeza, pero eso no es excusa. Cuando realmente quieres hacer algo, siempre puedes sacar tiempo de donde sea. Pero supongo que vuelvo a tener el miedo de decepcionar si no escribo algo perfecto.

Así que aprovecharé esta entrada para romper el hielo y explicar en qué estoy metido últimamente.

Ahora mismo estoy sacando adelante un proyecto con un amigo dentro de Yuzz, un concurso para jóvenes emprendedores. La semana pasada estuvimos en Madrid como finalistas del V Encuentro Nacional. Al tema del emprendimiento, su burbuja/moda y mi opinión al respecto ya dedicaré una entrada aparte.

Por otra parte, en GreenCubeDesign hemos recibido varios encargos y no tenemos tiempo ni para renovar la web, que ya empieza a dar penica. Tampoco he tenido tiempo para darle caña a Arquitectura Interactiva, que he dejado en pausa hasta que acabe alguno de los otros proyectos.

Aunque la mayor parte del tiempo he estado en Valencia, varios eventos me han hecho moverme por Madrid, Bilbao, Gerona, Murcia o Barcelona. Bilbao y Gerona me han sorprendido y me han parecido ciudades preciosas, en Murcia he comido de lujo (como siempre), y sigo dándome cuenta que en Madrid y Barcelona es donde "suceden las cosas". A propósito de Madrid, me mudaré a la capital en un par de meses.

Bueno, pues eso es todo por ahora. Como julio lo tengo hasta arriba y en agosto estoy deseando hacer un "retiro de desintoxicación tecnológica", no voy a publicar hasta septiembre. A partir de ahí sí que me comprometo a escribir una entrada a la semana. Tengo aún muchas entradas sobre el viaje en la recámara, además de mi "conversión" al minimalismo y esta nueva experiencia como emprendedor.

Si aún no lo has hecho, suscríbete y te enviaré un email cuando publique el próximo post.

Disfruta del verano, lee, viaja, y no olvides usar protector solar 😉

Bosco Soler e Iñigo Soler con colegiales en Hiroshima

Mi hermano y yo con los pequeños colegiales de Hiroshima

Una libélula revoloteaba frente a mí y se posó sobre una valla. Me levanté, tomé mi gorra en mis manos, y estaba a punto de atraparla cuando...

Mientras estuve estudiando en Japón mi hermano vino a visitarme y juntos hicimos un viaje a lo largo de la isla.

Lo llamamos, humildes nosotros, el JapanDestroyTour.

Una de las ciudades que visitamos fue la que 70 años atrás recibió el impacto de Little Boy: la primera bomba atómica, que arrasó el centro de la ciudad y con ello la vida de 140.000 japoneses.

Mi hermano y yo pasamos en Hiroshima un par de días y visitamos, entre otras cosas, el Museo Memorial de la Paz. Éste describía con detalle desde el desarrollo de la bomba atómica hasta el meticuloso estudio que llevó a Estados Unidos a elegir la ciudad de Hiroshima como blanco ideal.

Pero sobretodo, exhibía imágenes y objetos cotidianos que fueron testigos de sus efectos.

Ropas quemadas, fotografías del antes y después de la explosión, o historias como la de Sadako Sasaki, una niña de 2 años que aparentemente resultó ilesa en el ataque y a la que 9 años después le diagnosticaron leucemia a causa de los efectos secundarios de la bomba. La niña, inspirada en la creencia japonesa de que al hacer 1000 grullas de papel se cumplen tus deseos, y pidiendo que el esfuerzo que iba a hacer sirviera para traer la paz y la curación a todas las víctimas del mundo, llegó a completar 644 antes de fallecer.

Salí del lugar con un nudo en el estómago, los ojos nublados y una sensación de angustia similar al día que visité el campo de concentración de Auschwitz.

Silenciosos, mi hermano y yo paseábamos por el Parque de la Paz cuando se nos acercaron un grupo de escolares japoneses. Tendrían 10 años, si llega. Uno de ellos nos preguntó en un inglés difícil de entender:

-  ¡Hola! ¿Podemos haceros unas preguntas?

Sorprendidos y aún en estado de shock por la visita al museo les dijimos que claro.

Nos preguntaron de dónde éramos, qué nos gustaba más de Japón, nuestra comida favorita y alguna tontería más. Antes de irse, uno de los niños me entregó una pequeña bolsa de celofán con algo que parecían figuras de papel y nos dijo:

-  Os queremos regalar estas grullas de papel que hemos hecho como símbolo de paz y de unión.

Se me cayó el alma al suelo.

Después de la cruda experiencia que había tenido visitando un museo que expone la parte más sombría del ser humano, un niño me hablaba de paz.

Mis ojos se nublaban de nuevo. Pero esta segunda vez el sentimiento era distinto.

Mi hermano y yo seguimos paseando y observamos que no eran pocos los grupos de colegiales que se acercaba a turistas occidentales y repetía el ritual. Tuvimos también la oportunidad de hablar con algún profesor.

Yo me puse a reflexionar sobre lo admirable que era el hecho de que las escuelas japonesas organizasen estas excursiones para educar a los niños en la fraternidad y en la paz en lugar del odio y el resentimiento hacia los que fueron una vez enemigos.

Aquello que en su día fue el epicentro de muerte y sufrimiento se había erigido como escenario conmemorativo desde donde alzar la voz contra el uso de armas nucleares y un símbolo de esperanza en la paz mundial.

Dibujos hechos por niños en el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima

Algunos dibujos hechos por niños en el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima

Esa noche volvíamos al hotel con comida para llevar cuando escuchamos una guitarra y algunas voces en la vera del río que atraviesa la ciudad. Tres chavales japoneses tocaban una guitarra mientras cantaban una versión "japonizada" de Wonderwall.

Decidimos sentarnos a unos metros y cenar allí mismo disfrutando de la música.

Al rato nos animamos y empezamos a cantar nosotros también. Y a las dos canciones estábamos todos en corro, cantando y compartiendo la comida. Mi hermano (que es un crack) se puso con la guitarra y se nos hicieron las tantas.

Ellos no sabían inglés, ni nosotros japonés. No hubo prácticamente intercambio de palabras sin acordes. Pero aquella noche volví al hotel con una sensación de felicidad increíble.

En fin, creo que aquel tiempo en Hiroshima es una de las experiencias más emotivas y más humanas que he vivido nunca. Era una historia que quería compartir desde hace meses y de la que cada uno puede extraer su propia conclusión.

Para mi fue darme cuenta que a veces madurar es hacerse un poco más niño . Deshaciéndonos de prejuicios, temores, rencores, y abriéndonos a las personas con una genuina intención de disfrutar del mundo juntos y en harmonía.

* * *

PD: Esta semana he empezado #Equili3rium. Aún es pronto para evaluar la primera semana pero voy por buen camino, ¿Y tú?

Un jardín y sala de té japoneses que vi, curiosamente, en Nueva Zelanda

Un jardín y sala de té japoneses que vi, curiosamente, en Nueva Zelanda

La felicidad es equilibrio. Repartir tu peso. El equilibrio es pragmático. Ha de estar todo en proporción. Compensa, estabilízate para mantener tu ángulo con el mundo. Y cuando tu entorno cambie, adáptate. - Tom Stoppard

Siempre me pasa lo mismo.

Cuando inicio un proyecto que me ilusiona me centro al 100% en él y olvido lo demás.

Me ha pasado con ideas, hobbies, deportes, dietas, cursos…

El problema es que al cabo de unas semanas de estar demasiado centrado en ese tema, empiezan a surgir los problemas en el resto de áreas de mi vida que dejo desatendidas.

Recuerdo la época que me enganché al squash al mismo tiempo que hacía taekwondo y escalada e intentaba llevar una dieta estricta. No tenía tiempo para nada más, y lógicamente no tardé en notarlo en los exámenes. Eso sí, el antebrazo con el que cogía el boli era acero puro.

Ahora mismo estoy centrado en sacar adelante varios proyectos y me encuentro con que paso 12 horas al día delante del portátil. Lo empiezo a notar en mi físico, en mi mente… Hace tiempo que no hago deporte, y no hago meditación ni veo a mis amigos tanto como me gustaría.

Sé que lo que necesito no es un “propósito de año nuevo” de ir más al gimnasio porque empezaría yendo todos los días durante 3 semanas y luego me daría cuenta de que no es sustentable con mi estilo de vida.

Lo que necesito es buscar otra vez un equilibrio. Ese que tenía mientras viajaba.

Así que me he inventado un programa que he llamado Equilibrium y que cuyo objetivo no está enfocado en machacar un área en concreto sino a buscar un crecimiento armónico y sustentable de todas ellas.

¿En qué consiste?

He dividido las áreas de mi vida en 7 y establecido unos objetivos muy realistas para cada una. Cada semana haré una evaluación de éstos y decidiré otros objetivos que requieran más compromiso para la siguiente, pero solo si me siento satisfecho de cómo he “vivido” la semana.

¿Y qué significa esto? Significa que para mí el objetivo principal es un crecimiento personal dentro de un estilo de vida saludable y significativo. Significa que me he de sentir realizado durante todo el proceso.

No me valen los cambios radicales que duran 3 semanas y luego vuelvo donde estaba, de esos ya voy servido. Sino el ir introduciendo pequeños cambios y hábitos en mi vida, paso a paso, de manera que se afiancen y formen parte de mi persona.

¿Cuánto dura? ¿Cuándo empiezo?

Como he dicho, mi intención es que dure toda la vida, pero siempre es bueno acotar para poder hacer evaluación de lo caminado. Así que me he puesto como fecha de comienzo el próximo lunes 27 de abril y fecha de “fin” el 26 de julio.

Son 3 meses en total que he considerado el tiempo mínimo para sacar conclusiones y evaluar resultados.

¿Cuáles son mis áreas y mis objetivos?

Como verás, la primera semana tendré unos objetivos muy asequibles. Pero es importante cumplirlos en todas las áreas antes de ponerme los de la semana siguiente.

Las áreas de mi vida que voy a trabajar, los objetivos de la primera semana y mis expectativas con el programa son:

¿Por qué lo hago público?

Por dos razones: La primera es por motivación. Haciéndolo público me “fuerza” a llevarlo a cabo (aunque sea un arma de doble filo).

Como la disciplina no es uno de mis fuertes, aprovecho el tirón del blog para darte permiso a lanzarme tomates y calabacines si me rindo y abandono antes del 26 de julio.

La segunda es por crear un sentimiento de comunidad en el que apoyarme, recibir feedback. De ahí que la siguiente pregunta sea…

¿Quieres participar?

Voy a usar el hastag #Equili3rium  (sí, con un 3 en lugar de la B para hacerlo único) durante estos 3 meses para hacer el seguimiento del programa por Twitter.

Si te unes al reto úsalo tú también. Puedes escribir tus objetivos, o cómo te ha ido la semana. Dificultades, frases motivadoras, comentarios de ánimo, consejos… Todo vale.

También puedes dirigirte a mi directamente (@BoscoSoler), pero el hastag #Equili3rium hará que además de leerlo yo, llegue al resto de compañeros que podrán apoyarte y caminar contigo 🙂

¡Ah! Si no tienes/usas Twitter, puedes usar los comentarios de esta entrada (mejor que enviarme un email y así lo leemos todos) para ir contando tu experiencia y expectativas 😉

Si te animas, recuerda: Objetivos alcanzables, un pequeño cambio por semana en cada una de las áreas en tu vida. Acción y evaluación continua. Pero sobretodo, sobretodo, asegúrate de que todo lo que haces te hace mejor persona.

Somos lo que hacemos de forma repetida. Por tanto, la excelencia no es un acto, sino un hábito. - Aristóteles

Bosco Soler viendo amanecer en Cabo Este, Gisborne, Nueva Zelanda

Amanecer en Cabo Este, Gisborne, Nueva Zelanda

Hace exactamente un año estaba yo solo en el aeropuerto de Valencia, con una mochila en una mano y un billete a Shanghai en la otra. Sin planes, ni expectativas, ni billete de vuelta, en lo que fue un viaje a lo largo de 60 ciudades, 13 países y 2 continentes.

Le comentaba ayer a mi amigo Tony que se hace difícil responder a la pregunta de “qué tal el viaje?” con algo más que un “pues… bien” y una sonrisa. Es difícil de explicar. Para mi tiene mucho más valor lo que me llevo aprendido que la lista de cosas que hice o visité durante esos 9 meses.

Así que, como ya hice un resumen de lo que hice, hoy he decidido hacer un resumen de lo que se aprende viajando, o al menos de lo que aprendí yo.

Son 9 lecciones de un viaje de 9 meses.

1. Todo viene, todo va

Los amigos vienen y van. Como los días. Un día pasa y un nuevo día llega. Lo importante es hacerlo significativo: Un amigo significativo, un día significativo. - Dalai Lama

Durante el viaje conocí un montón de gente. Y soy consciente de que no volveré a ver a la mayoría de ellos en mi vida. Pero no hay nada de triste o de malo en ello. La vida es un cúmulo de experiencias y de conexiones personales que fluyen en una línea temporal.

Preocúpate en dar lo mejor de ti a cada persona, cada día. .

2. Lo importante es relativo

Al viajar por un tiempo largo te abstraes de tu entorno habitual y ves los problemas en perspectiva. Te elevas y ves tu mundo y tu vida a una escala mayor.

Te das cuenta de que lo que parecía importante no será más que una muesca en tu vida. Apenas un arañazo en tu piel. Lo que sucedió ayer o suceda mañana apenas dejará huella en tus, digamos, 80 años de vida.

¿Has perdido un vuelo? ¿Se te ha caído el móvil y se te ha roto? ¿Te ha dejado el novio/a? ¿Has suspendido un examen?

Cuando surja un problema o un imprevisto, obsérvalo desde una posición superior, acótalo y no dejes que afecte el resto de tu vida. Shit happens. Aprende, sonríe y sigue disfrutando del camino.

3. Lo necesario también es relativo

Yo necesito pocas cosas y las pocas que necesito, las necesito poco. - San Francisco de Asís

He vivido 9 meses con lo que me cabía en una mochila de 40 litros y 12 kilos de peso que no tenía ni siquiera que facturar en el aeropuerto. Y no he echado en falta nada.

Muchas cosas de las que poseemos lo hacemos por una “necesidad aparente” más que por una “necesidad práctica”. Llevar 2 pantalones en la mochila es una necesidad práctica, porque puedes cambiarte mientras uno se lava y así asegurarte de que siempre vas limpio. Tener 10 pantalones en el armario es una necesidad aparente.

Cuando viajas, eres consciente de que lo que posees ralentiza y limita tu libertad de movimiento, y te centras en tus necesidades prácticas. Aprendes que realmente necesitamos muy poco para vivir, y reordenas tus prioridades acorde a ello.

4. Eres afortunado

Cuando te encuentras conversando con un chaval birmano que habla de cómo le gustaría poder viajar fuera de su país, después de haberle contado tú cómo has viajado por toda Asia, entiendes lo afortunado que eres.

Aunque sólo hayas viajado un fin de semana a Londres. Eres afortunado.

El cambio de divisas hace que un australiano pueda viajar medio año por el Sudeste Asiático con el sueldo de un mes, mientras la mayoría de la población mundial tardaría años en ahorrar para un billete de avión que le permitiese salir del país.

Y nunca, nunca, lo hará.

5. Mantén la mente abierta

Las mentes son como los paracaídas. Solo funcionan cuando se abren. - Thomas Dewar

El contacto con otras culturas te lleva a comprender la fragilidad de tus suposiciones y a poner en duda los criterios con los que has crecido.

Más allá de los cambios de opinión, viajar te enseña a mantener una actitud abierta y a mantener a raya tus prejuicios. Aprendes a intentar ponerte en el lugar del otro para comprender su punto de vista.

No. España no es la panacea. Y aunque sigo pensando que aquí se vive muy bien, aún tenemos mucho que aprender de otros países. Y eso es algo que no te van a enseñar desde dentro.

6. Las memorias las crea la gente, no el lugar

Y esto te lo dice un arquitecto. Pero los recuerdos más vívidos que tengo del viaje no son los templos de Tailandia, las playas de Malasia o los rascacielos de Hong Kong. Sino la gente que conocí en esos sitios y los momentos que compartí con ellos.

El lugar es tan solo el contexto.

¿Por qué viajamos entonces planeando nuestros días en base a monumentos en lugar de momentos?

Lo más bello de un país es la cultura que alberga. Preocúpate de absorberla, de conectar con ella, de entenderla.

Porque al final el lugar es lo que queda en las fotografías, y la gente la que queda en las memorias. .

7. La vida se disfruta mejor en slow motion

Reduce la velocidad y todo lo que persigues acabará viniendo a ti. - John De Paola

Mientras viajaba no tenía un itinerario marcado. En China por ejemplo, llegaba a una ciudad y decidía allí mismo cuántos días quedarme. Cuando me cansaba, me iba en tren a la siguiente.

Eso me daba tiempo a disfrutar del lugar sin tener la cabeza pensando en el próximo destino.

Pero digo que la vida, no el viaje, se disfruta mejor en slow motion porque trasladado a otros ámbitos es el mismo concepto: ralentizando tu movimiento eres capaz de apreciar mucho mejor lo que estás haciendo.

¿Y si en lugar de “rebobinar” el camino al trabajo te detienes a sentir el viento en la cara o el calor del sol en la piel? ¿Y si esperas unos segundos a contemplar la comida antes de devorarla?

Sé consciente del momento. Sé consciente de lo que estás viviendo.

8. Nadie te conoce mejor que tú mismo

Aprende a conocerte a ti mismo. Eso es algo que no haces realmente hasta que no te pones a prueba en situaciones fuera de tu zona de control.

Viajar solo durante varios meses me ha mostrado mis limitaciones y mis capacidades. Me ha enseñado a enfrentarme a mis miedos. A entender cómo reacciono al amor y al odio.

Mucha gente cae en el error de creer que se conoce, cuando simplemente se hace una idea de sí mismo como reflejo de la imagen que da a los demás.

Conocerte requiere tiempo y esfuerzo, y es un ejercicio de autoevaluación constante.

9. El mundo es un lugar increíble

El mundo es un libro, y quienes no viajan leen sólo una página. - San Agustín

Fácil de decir. Difícil de asimilar en su verdadero significado.

El mundo es un cúmulo de culturas e ideas diluidas entre maravillas de la naturaleza y del ser humano.

¿Por qué no vivirlo?

Templo de meditación Vipassana de Ram Poeng, Chiang Mai

Templo de meditación de Ram Poeng, Chiang Mai

En mayo del año pasado, durante mi viaje por Asia, tuve la oportunidad de hacer un retiro de 10 días en un templo budista de Chiang Mai para aprender y practicar la meditación Vipassana.

Irónicamente fue una decisión para nada meditada. ¿Estoy en Tailandia y me encierro 10 días a ver crecer la hierba? Venga no me jodas, hay que ser pollopera…

Nunca antes había practicado la meditación de ningún tipo, y era bastante escéptico con el tema. Pero acabó siendo una de las mejores experiencias del país y del viaje, y de las pocas que he podido conservar a la vuelta.

Wat Ram Poeng, Vipassana y Buda

Wat Ram Poeng fue el templo donde hice el retiro. Está a las afueras de Chiang Mai, ciudad al norte de Tailandia, y es un lugar en el que cualquier extranjero puede alojarse durante un período mínimo de 10 días para aprender o perfeccionar la meditación Vipassana por el módico precio de... nada. Así es, alojamiento y comida a cambio de una donación voluntaria y anónima que haces una vez acaba el retiro.

La meditación Vipassana o insight meditation (meditación introspectiva) fue popularizada por Buda y es una forma de meditación que emplea la concentración fuertemente enfocada en las sensaciones corporales y eventos mentales para “ver las cosas tal como son”.

Luego lo explico mejor, pero el caso es que hasta ese momento yo creía que meditar era dedicar un tiempo a reflexionar y a pensar en tus movidas sin distracciones a tu alrededor, pero como luego aprendería, era justamente lo contrario.

Ahí va mi experiencia.

Mis 10 días de meditación Vipassana en el templo budista de Ram Poeng

Después de hablar con el monje responsable por teléfono, un chico del albergue me llevó al templo en moto y allí me encontré con otros 5 chavales extranjeros que también empezaban aquel día.

Apenas habíamos intercambiado algunas palabras cuando el monje nos dio la bienvenida y nos recordó algunas de las normas que cumpliríamos a rajatabla los próximos 10 días:

Sí, lo sé. Las normas pueden parecer duras, pero tienen su sentido porque buscan anular cualquier otro estímulo. Es igual que irte 10 días a aprender un idioma a un pueblo donde solo hablen esa lengua. No hay otro remedio, no hay distracciones, hay que aprender.

Después de vestirnos con las prendas blancas que nos dio el monje, hicimos un recorrido por el templo.

Para que te hagas una idea, cuando hablo de templo no me refiero a un único edificio. Normalmente es un complejo entero que incluye los lugares de meditación, de oración, dormitorios, comedor, etc.

Mi habitación en el templo de meditación Vipassana de Tailandia

Mi habitación, con un cuarto de baño privado

Wat Ram Poeng era bastante grande. Diría que había unos 30 monjes y alojaba a otros 200 tailandeses que habían ido, como nosotros, a pasar unos días de retiro espiritual. Los pocos extranjeros estábamos a cargo de un monje que chapurreaba un inglés bastante decente y que sería el encargado de enseñarnos la meditación Vipassana.

Al contrario de lo que yo pensaba en un principio, este tipo de meditación se practica centrando toda tu atención en observar tu cuerpo sin dejar que ningún otro pensamiento te distraiga. Observas cuidadosamente lo que hace, qué siente, cómo lo hace.

Comienzas observando tu respiración y tu caminar, de manera alterna. El primer día son series de 5 minutos, el segundo de 10, el último 40…

¿Solo eso?

Sí, solo eso. Eso muchas veces.

¿Y qué más hacía durante la jornada?

El día comenzaba a las 4 de la mañana con el sonido del gong y la primera sesión de meditación. El desayuno se servía a las 6, pero no se comía hasta media hora después de haber estado contemplando el plato en silencio.

Tras el desayuno había un tiempo para el aseo personal y del dormitorio. Luego más meditación hasta la comida del mediodía y última del día, ya que no debíamos comer nada pasadas las 12.

El resto del día… más meditación, por supuesto. Y por la tarde teníamos un encuentro con el “súper maestro” para hablar cómo progresábamos y los pasos a seguir el próximo día.

Sinceramente, y fuera postureo, se me hizo duro. Sobretodo el principio y el final. Pero no por las normas, o por la comida. En realidad fue liberador estar unos días aislado de lo que sucede en el mundo. Buena terapia de choque contra el FOMO (Fear Of Missing Out).

Sin embargo a mi me costaba una barbaridad concentrarme en mi cuerpo y no dejar que me abordasen cientos de pensamientos aleatorios.

También me costó mucho cambiar la mentalidad de no escribir mis ideas. Siempre llevo encima una libreta o smartphone para volcar pensamientos de cualquier tipo en cuanto se me ocurren, y así liberar la mente. Allí sin embargo no podía. Al principio resultaba frustrante porque con tanto tiempo se me ocurrían muchas cosas que deseaba anotar. Pero poco a poco fui educando la mente en “dejarlas ir”.

No fue hasta el quinto o sexto día cuando empecé a notar que realmente estaba avanzando. Pude alargar más los tiempos de meditación, y notaba como mi mente tenía menos… “ruido”. No sé realmente cómo explicarlo.

Se me está haciendo muy larga la entrada y me hubiera gustado contar algunas anécdotas, como cuando el monje me pilló el segundo día durmiendo la siesta y le intenté explicar que eso era meditar a la española. O cuando empecé a tener sueños semi-eróticos con comida después de acabar hasta los h****s de tanto noodle. O cuando uno de mis compañeros, un argentino que se enteró de que yo era español, me dijo que el Madrid había ganado la final de la Champions contra el Atlético gracias a un gol en el tiempo de descuento. Yo no me lo creí y me aposté una cerveza que obviamente tuve que pagar cuando salimos del templo.

Cuando salí del retiro, por cierto, me encontré que durante mi incomunicación se había producido un golpe de estado en el país e impuesto la ley marcial. Había controles militares por las calles y toque de queda por la noche. Afortunadamente Tailandia sabe de dónde le viene el dinero y eso no afectó el turismo. Aún pasaría unas semanas más en Chiang Mai antes de cruzar a Laos.

¿Y qué saqué con esto?

Creer que yendo 10 días a un retiro de meditación te va a cambiar la vida o vas a salir “iluminado” es tan ridículo como creer que yendo 10 días a un gimnasio te va a cambiar el cuerpo. No es tan sencillo ni tan rápido.

Pero en ambos casos la experiencia es suficientemente intensa como para apreciar una pequeña mejora que te convence de sus beneficios y te motiva a seguir haciéndolo.

En mi caso noté mejoría en muchos aspectos:

En definitiva, meditar no me cambió la vida al instante pero sí la ha ido mejorando progresivamente. Y lo sigue haciendo cada vez que dedico 10 minutos del día a sentarme y observar cómo respira mi cuerpo.

Breath in…

Breath out...

La máxima victoria es la que se gana sobre uno mismo. - Buda

Playa de Xeraco

Estoy sentado en la orilla. Completamente solo. Es un martes de invierno y la playa está desierta.

Esta semana pasada ha sido frenética. He conocido mucha gente nueva y por ende mucha gente me ha conocido. Nuevos amigos, nuevos clientes, nuevos compañeros y nuevos lectores a los que mostrar la mejor versión de mi mismo. Necesitaba un descanso. Quería bajar del coche a mirar el mapa. De nada sirve hacer kilómetros si no estás yendo en la dirección adecuada. Eficacia vs. eficiencia lo llaman.

Por eso me he venido un par de días a la playa a desconectar del ruido de internet y cambiarlo por el de las olas. He dejado el portátil por un libro, las colas en el súper por paseos por la arena, el aire por el viento y las reuniones por sesiones de meditación.

Estoy sentado en la orilla. Completamente solo. Observando un mar que parece tan distinto en invierno. Pero me doy cuenta de que lo diferente es en realidad la playa, ahora sin público. El mar sigue mostrándose impertérrito, impasible, movido por una fuerza interior mayor a lo que pueda influir la presencia de gente a su alrededor.

Analizo si en algún momento de la semana pasada, llevado por querer mostrar lo mejor de mi mismo, he dejado mínimamente de ser quién soy, si sigo fiel a mis principios y no he vendido mi autenticidad, y si, como el mar, permanezco inalterable a los cambios de estación.

No creo que sea un error darse a conocer mostrando lo mejor de uno mismo. Al fin y al cabo eso es lo que hacemos siempre. Las redes sociales muestran nuestras mejores fotos en nuestros mejores momentos. Nuestro blog, nuestro currículo, nuestro portfolio…

Siempre mostrarán la mejor versión.

El error viene cuando pasamos la mayor parte del tiempo dándonos a conocer, mientras nos olvidamos de emplear un tiempo en conocernos.

* * *

PD: Nadia Montero y Arnau Benlloch me invitaron a participar en su programa La Rueda del Hamster, en RadioEmprende, para hablar sobre la educación en el s.XXI. Es muy recomendable por la calidad del resto de ponentes. Puedes escuchar el podcast aquí

Bosco Soler caminando hacia Santiago

El camino es la recompensa. – Proverbio chino

El pasado lunes publiqué en el blog de mi amigo Ángel una entrada sobre Cómo crear tu propio máster donde hablaba de enfocar un año sabático como un período de desarrollo no solo personal sino también profesional. Sin embargo ni todo el mundo se puede permitir viajar durante 9 meses, ya sea por tiempo o por recursos económicos, ni todo el mundo tiene el valor de dar el paso.

Yo estuve ahí. Mientras estudiaba ni tenía tiempo, ni tenía dinero, ni tenía los h****s de dar un salto tan grande. Así que decidí dar primero uno más pequeño, decidí hacer un mini-máster: Caminé los 781 kilómetros que separan Saint-Jean-Pied-de-Port de Santiago. Y fue increíble.

¿Por qué hacerlo? ¿Por qué pasar un mes caminando bajo el sol de Castilla o las lluvias de Galicia, con una mochila a cuestas, durmiendo en dormitorios con 20 literas o en el suelo de pabellones deportivos? Sinceramente, no lo sé. Pero me he dado cuenta de que las mejores decisiones y experiencias de mi vida tienen un factor en común: son incómodas. Y es a partir de ahí cuando empieza la magia, el afán de superación, el compañerismo, el conocerte a ti mismo y lo más importante: la sensación de estar vivo.

Si pese a todo decides unirte al club de los imprudentes y dejar la comodidad de tu sofá para torturar tus piernas durante un mes, permíteme que te de antes algunos consejos:

Buen camino .

* * *

PD: A razón de la entrada en Vivir al Máximo he recibido muchas nuevas visitas y una gran cantidad de mensajes (perdonad a los que aún no os he contestado) que me han motivado una barbaridad a seguir compartiendo mis experiencias y reflexiones. Gracias, de verdad. Fue leer otros blogs lo que me hizo espabilar hace unos años, coger la mochila, y ver el mundo como una gran escuela y la vida como un aprendizaje continuo. Así que ahora me toca a mi también aportar mi parte para, entre todos, seguir creciendo.

Bosco Soler y Jesús García en Artee

¿Por qué te marchas? Para poder volver. Para poder ver el lugar del que provengo con nuevos ojos y colores. Y la gente verme de manera diferente también. Volver donde empecé no es lo mismo que nunca haber marchado. – Terry Pratchett

Hace ya un par de meses que volví del viaje.

La gente me pregunta, “¿qué tal la adaptación? ¿dura? ¿echas de menos todo aquello?”

Yo contesto que no. Supongo que más de uno se llevará una decepción.

No me malinterpretes. Ha sido una experiencia increíble y no tengo dudas de que ha sido también la mejor decisión de mi vida. Lo que me traigo de vuelta es mucho más de lo que me cabía en la mochila.

Pero la vida son etapas, y estancarse en una es tan erróneo como omitirla.

Y entonces, ¿ahora qué?

Durante el viaje he dado vueltas a varios proyectos que quería poner en práctica, pero necesitaba asentarme temporalmente en un sitio fijo para llevarlos a cabo. Después de haber trabajado la idea con un compañero estas últimas semanas, hemos sido seleccionados en una aceleradora de startups de Valencia donde estaremos desarrollándola los próximos meses.

Cuando me preguntan cuándo volveré a viajar por tiempo indefinido contesto que no lo sé. No lo sé porque no me lo planteo en realidad. Porque planteármelo sería anclarme yo mismo a ese objetivo en lugar de disfrutar de los proyectos presentes. Como la típica lista de cosas que hacer antes de morir o la de países que visitar, que te hacen obsesionarte más en completarlas que en disfrutar de los momentos que suceden mientras tanto.

Ahora mismo me ilusiona este proyecto así que he colgado la mochila por una temporada (excepto para escapadas puntuales, que habrá muchas).

Y esa es la belleza de la libertad, de la filosofía nómada. No significa necesariamente estar continuamente en movimiento. Significa tener la capacidad y la mentalidad de poder hacerlo cuando lo necesites. Significa tener la libertad de estar en cada momento donde realmente deseas estar.

Seguro que vendrán otros viajes interminables más pronto que tarde. Pero pensándolo bien... ¿no es esto un viaje?

Mensaje de despedida Couchsurfing en Melbourne a Capi y Lan

Mensaje de despedida en Melbourne a Capi y Lan

¿Qué has hecho tú para cambiar el mundo? - Trevor McKenney en Cadena De Favores

Nunca había hecho Couchsurfing antes. Es verdad que me había quedado en casas de amigos a lo largo de mi viaje, pero nunca desconocidos. Por si aún no lo sabes, Couchsurfing es una red social para alojar a otra gente o alojarse en su casa de manera gratuita. A mí personalmente no me atraía demasiado la idea de depender de alguien mientras estoy viajando, y de hecho estuve durmiendo en albergues la mayor parte de los 9 meses porque se conoce a más gente y puedes ir y venir cuando quieras. Pero aun así quise darle una oportunidad durante mi paso por Melbourne. Por eso y porque los albergues en Australia costaban 30 dólares la noche, para qué nos vamos a engañar…

Llegué a Melbourne en avión desde Sydney, tarde y con algo de retraso, de manera que para cuando encontré la casa ya eran casi las 11 de la noche. Mis anfitrionas (o host) eran Capi y Lan, unas universitarias vietnamitas de veintipocos que me recibieron con un plato caliente de estofado, el futón preparado en el comedor y la contraseña del WiFi. Ya cuando pensaba que la situación no podía ir a mejor, Capi me entregó sonriente una copia de las llaves de la casa para que al día siguiente me despertase y me fuese cuando quisiera, porque ellas se marcharían más temprano. Yo flipé. Supongo que las dos amigas faltarían a clase el día que dieron la charla sobre no dejar entrar a hombres desconocidos a dormir en casa (y encima darles las llaves), pero el caso es que la situación me resultaba difícil de creer.

Esa fue mi primera experiencia Couchsurfing, pero no el único gesto altruista que viví durante este tiempo. Como aquella chica china que conocí en un tren nocturno a Xian y dedicó su único día de descanso a guiarme por las callejuelas de la ciudad y contarme la historia de los Guerreros de Terracota. O la pareja neozelandesa que conocí en una cafetería de Kuala Lumpur y que me invitaron a su casa cuando pasé por Auckland. O el hombre que me recogió cuando hacía autoestop por primera vez mientras me moría de frío. O el chico del albergue que me llevó al hospital en moto cuando creímos que había pillado el dengue. O como todas las personas que me fui encontrando y me ayudaron cuando me perdí, cuando pregunté, o cuando necesité algo.

Sinceramente, al principio me sentía abrumado por la impotencia de no poder devolverles el favor. Como la sensación que tienes cuando debes dinero a alguien. Quizás estemos demasiado acostumbrados a la ayuda con interés, al intercambio de favores, al hoy por ti y mañana por mí, al networking. Y la ayuda de un desconocido cuando no espera nada a cambio nos sorprende, nos deja preguntándonos con desconfianza ¿Qué quiere de mí?

¿Recuerdas la película Cadena De Favores? (¡wow! ¡hace ya 15 años de eso!). El protagonista, un niño de 12 años, idea e inicia un proyecto para cambiar el mundo: una cadena de favores en la que devuelves el favor a otra persona distinta a la que antes te ofreció su ayuda. De la misma manera que yo nunca tendré la oportunidad de devolverle el favor a muchos de los que me ayudaron antes, sí puedo hacerlo a través de otros sin pensar en qué puedo ganar a cambio, ya sea alojando en Couchsurfing, compartiendo mi experiencia a través de este blog, o simplemente ofreciendo ayuda a un extranjero que parezca perdido por la calle.

Lo queramos o no, somos eslabones de cientos de cadenas de favores que ocurren a nuestro alrededor, y está en nuestras manos continuarlas o dejarlas morir.

Es necesaria la generosidad para descubrir el conjunto a través de los demás. Si te das cuenta de que solo eres un violín, puedes abrirte al mundo jugando un papel en el concierto. - Jacques Cousteau

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¿Y tú? ¿Has tenido alguna experiencia así o es que simplemente soy un tío con suerte? ¿Cuál ha sido el mayor favor que te han hecho de manera desinteresada? ¿Vas a compartir esta reflexión o te la quedarás para ti solo gañán? 😉

En abril del año pasado, después de hincharme a vacunas y preparar visados, me fui solo y con una mochila de apenas 10 kg a recorrer Asia por un tiempo indefinido. 9 meses. 14 países. 60 ciudades.

Recorrido del viaje alrededor de Asia y Oceanía

Recorrido del viaje.

¿Por qué te marchas? Para poder volver. Para poder ver el lugar del que provienes con nuevos ojos y colores. Y la gente verte de manera diferente también. Volver donde empezaste no es lo mismo que nunca haber marchado. - Terry Pratchett

En abril del año pasado, después de hincharme a vacunas y preparar visados, me fui solo y con una mochila de apenas 10 kg a recorrer Asia por un tiempo indefinido (luego resultó que fueron 9 meses y que Oceanía se unió a la fiesta). La idea era, además de viajar, poder seguir trabajando a distancia  mientras me iba moviendo de un sitio a otro, necesitando únicamente mi portátil y una conexión a internet medianamente decente. Esto, que en inglés se conoce como location independency o ser un nómada digital, me limitaba en algunos aspectos pero me permitió prolongar mi viaje hasta Navidades, a la vez que daba rienda suelta a proyectos e ideas que tenía o que me iban surgiendo por el camino.

Y este camino lo quería mostrar en una sola entrada. Fueron alrededor de 60 ciudades, repartidas entre 13 países de 2 continentes distintos. Como me aburren las entradas largas cuando leo otros blogs, he resumido cada país en un párrafo, y luego enlazo a otras entradas relacionadas o inspiradas en él. También he puesto solo una foto por país pero lo subrayado son enlaces a otras fotos en Facebook o Instagram, también mías, y también hechas con mi móvil (como todas las que cuelgo).

China

Bosco Soler caminando la Gran Muralla en Mutianyu, China

Caminando la Gran Muralla en Mutianyu, China

Comencé mi viaje por lo más difícil: China, que recorrí durante un mes. Aterricé en casa de mi amigo Juanan en Shanghai y de ahí volé a Pekín después de visitar la ciudad y la vecina Hangzhou. En Pekín me acerqué a Mutianyu para caminar parte de la Gran Muralla, y a partir de ahí me adentré en el interior de China, moviéndome a base de trenes locales. De Pekín fui a Xian (donde los Guerreros de Terracota) y seguí por Chengdu, Chongqing y Guilin hasta llegar a Hong Kong, otra vez en la costa este, para quedarme casi una semana en casa de mi amigo Naïna. Cogí un ferry para visitar también Macao.

Un mes en China en el que aprendí a marchas forzadas cómo sobrevivir sólo con el lenguaje de los signos, cómo viajar en trenes nocturnos de 16 horas con otros 2000 chinos, cómo perderme por ciudades de 20 millones de habitantes, o cómo salir de mi zona de comfort y conocer gente con el cásico mind if I join you? (¿Te importa si me uno?).

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Tailandia

Bosco Soler con elefante en Tailandia

Bañándome con mi nuevo colega en el río.

De Hong Kong cogí un vuelo a Chiang Mai, la segunda ciudad de Tailandia, y me quedé un mes y medio disfrutando del ambiente relajado de una de las capitales del nomadismo digital. El alojamiento me costaba unos 3 €/noche y había multitud de cafés con buena conexión a internet donde trabajar tranquilamente. Por la tarde siempre había algo que hacer con la gente del albergue, ya fuese una excursión en motos por las montañas cercanas o tomarnos algo en el jazz club de al lado.

En Chiang Mai hice también un retiro de meditación Vipassana en un templo budista que me tuvo durante 10 días sin hablar, leer, escribir o informarme lo más mínimo de lo que sucedía en el exterior. Tengo una entrada pendiente sobre esa experiencia 😉

Después de pasar un fin de semana surrealista en Pai, la última parada en Tailandia fue Chiang Rai (y su Templo Blanco), de paso hacia el país vecino y próximo destino: Laos.

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Laos

Bosco Soler explorando los alrededores de Vang Vieng, Laos, en moto.

Explorando los alrededores de Vang Vieng en moto.

A Laos llegué después de un "crucero" de dos días por el Mekong, el río más importante del Sudeste Asiático, con varios amigos que conocí en Chiang Mai. Durante las dos semanas que pasé en el norte del país recorrí Luang Prabang (cuyo centro es patrimonio de la UNESCO), Vang Vieng (y alrededores), y Vientiane, la capital.

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Malasia

Bosco Soler buceando en las Islas Perhentian de Malasia.

Buceando en las Islas Perhentian de Malasia.

El mismo día que llegué en avión a Kuala Lumpur (la capital) conocí a Halim, un simpático malayo que me enseñó la ciudad. De KL viajé a Penang y a George Town, antigua colonia inglesa al noroeste de Malasia donde se come de lujo. Cerca de allí vivía Halim y su familia, con los que me quedé unos días y experimentando de primera mano el estilo de vida local en zonas rurales.

La última semana la pasé en las islas Perhentian, en las que, entre partidos de volley y barbacoas nocturnas en sus playas paradisíacas, me saqué el certificado Open Water de buceo rodeado de tortugas, mantas raya y pequeños tiburones.

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Indonesia

Bosco Soler con la tabla de surf en una playa de Bali, Indonesia

Surfeando en las playas de Bali, Indonesia

Indonesia fue Bali. Y Bali fue surf.

Dos semanas estuve en Canggu, al sur de Bali, compartiendo una villa con otros 7 chavales. Sesiones de surf diarias mientras el fin de semana alquilábamos un monovolumen, y recorríamos la isla y disfrutando de sus templos hinduístas y sus increíbles paisajes de plantaciones de arroz.

Singapur

Esplanade Bridge de Singapur.

Cruzando el Esplanade Bridge de Singapur.

Casi una semana pasé en la ciudad-estado de Singapur, uno de los núcleos económicos más importantes de Asia (con permiso de Hong Kong, Tokio y Shanghai). Una ciudad increíblemente multicultural y verde, a la vez que tecnológicamente avanzada. Eso sí... el precio de los albergues no era como en Tailandia...

Vietnam

Bosco Soler en las cascadas de Pongour, Vietnam

Caminata hasta las cascadas de Pongour.

Durante el mes siguiente recorrí Vietnam con María. Comenzamos en Hanoi, la capital política, al norte del país, y fuimos bajando hasta la ciudad de Ho Chi Minh (o Saigon), la capital económica, al sur. Por el camino hicimos un crucero de varios días por la Bahía de Ha Long (una maravilla de la naturaleza) y visitamos las ciudades históricas de Hue y de Hoi An (también patrimonio de la UNESCO). Seguimos por Da Nang, Nha Trang, Da Lat, y el delta del Mekong, donde nos alojamos con una familia de acogida local cerca de Can Tho.

Nos movíamos de ciudad en ciudad en bus (nocturno cuando era trayecto largo), y una vez en destino solíamos alquilar una moto por unos 5€ y pasar el día recorriendo la ciudad y sus alrededores con total libertad. Vietnam es sorprendentemente barato, más incluso que países vecinos menos desarrollados como Laos o Camboya, y podíamos pasar la noche en un hotel de 3 estrellas en la con piscina y desayuno de buffet por 8€/persona.

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Camboya

Amanecer sobre los templos de Angkor, Camboya

Amanecer sobre los templos de Angkor.

Desde Ho Chi Minh crucé la frontera en bus hasta Phnom Penh, la capital de Camboya, donde se unió mi amiga Dalia al viaje durante la semana que pasaríamos en Camboya y las dos semanas en Birmania. Tras Phonm Penh y el primer contacto con la cultura local viajamos a Siem Reap, cerca del complejo histórico de Angkor, la que en su día fue capital del Imperio Khmer y ciudad pre-indrustrial más grande del mundo. Necesitamos de tres días para visitar sus templos y construcciones más significativas, moviéndonos con un par de mountain bikes que alquilamos en la ciudad. Mi paso por Camboya se me hizo corto, pero delante me esperaba...

Birmania

Bosco Soler y unos monjes budistas en un templo de Mandalay.

Con la pandilla en un templo de Mandalay.

Aterrizamos en Yangon, la capital económica del país. De ahí nos trasladamos a la histórica Bagan, rodeada de miles de templos y pagodas budistas. Después de llegar a Kalaw caminamos durante dos días hasta el Lago Inle, alojándonos en el camino con Shwe Kyi y su familia. De ahí fuimos en bus hasta Mandalay, al norte, donde alquilamos una moto para recorrer la ciudad y las vecinas Inwa y Amarapura. De camino de vuelta a Yangon pasamos por Naypyidaw, la nueva capital política y símbolo de la extravagancia y la corrupción de los generales gobernantes.

Birmania me sorprendió en muchos aspectos. Siendo el país más pobre del Sudeste Asiático fue también el más caro (obviando Singapur y Hong Kong) debido a un aumento brutal del turismo en los últimos años y la inflación de precios que esto ha supuesto. Pero también me sorprendió cómo, en las partes menos afectadas por el turismo, la gente era increíblemente amable, sencilla y acogedora. Merece la pena visitarlo antes de que se venda completamente y se convierta en otro "patio de recreo" como algunos de sus países vecinos 🙁

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Australia

Bosco Soler corre mientras se pone el sol en una playa de Melbourne, Australia

Corriendo mientras se pone el sol en una playa de Melbourne.

De Birmania a Australia. Toma contraste. Visitar Oceanía no entraba en mis planes iniciales, pero el precio de un billete de ida y vuelta a Sydney desde Kuala Lumpur era unas 6 veces menos que desde España, así que allí me fui. Me quedé unos días en casa de mi amigo Alessandro en Sydney y la usé como base para visitar también Byron Bay y Melbourne, donde hice couchsurfing en casa de unas estudiantes vietnamitas.

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Nueva Zelanda

Bosco Soler en el Parque Nacional de Tongariro, Nueva Zelanda

Cazando orcos entre los cráteres del Tongariro.

Desde Sydney salté a Nueva Zelanda e hice un recorrido de un mes alrededor de la isla norte. Empecé en Auckland, donde aterricé, y continué por Hamilton, Rotorua, Taupo (incluyendo la escapada al Parque Nacional de Tongariro) y Gisborne, la ciudad más oriental del planeta, donde me quedé una semana en casa de mis amigos Mauro y Elettra disfrutando de la cocina italiana y el vino neozelandés 🙂

Tras el descanso seguí por Napier, Palmerston North, Wellington (la capital), New Plymouth y finalmente Auckland de nuevo para coger el vuelo de vuelta a Sydney.

He sufrido mucho a la hora de elegir una única foto que representase Nueva Zelanda, pero he colgado algunas más en este álbum de Facebook. También me cuesta resumir en dos párrafos un mes en el que he visto paisajes espectaculares, géiseres y lagos de mil colores, caminado entre volcanes, disfrutado de amaneceres bárbaros, y he hecho autoestop por primera vez. Pero eso queda para más adelante.

Corea del Sur

En uno de los muchos palacios de Seúl, Corea del Sur.

En uno de los muchos palacios de Seúl.

¡Asia de nuevo! En Seúl me reuní otra vez con María y estuvimos una semana visitando la capital de Corea del Sur. Después de haber sobrevivido a los 40ºC que podía hacer un día normal en Birmania o Vietnam, me encontré sufriendo una temperatura de -10 ºC en Seúl. Una camiseta térmica y otro jersey me permitieron seguir fiel a mi viaje con mi mochila de 10 kg 🙂

Seúl fue un contínuo contraste de palacios y edificios históricos escondidos entre arquitectura contemporánea. Y la cultura me pareció en general una fusión entre Japón y China bastante curiosa. Si tengo que resumir Corea en pocas palabras... palacios, barbacoa coreana, centros de cirugía estética y videojuegos.

Japón

El sol poniéndose sobre la metrópolis de Tokio, con el monte Fuji de fondo.

El sol poniéndose sobre la metrópolis de Tokio, con el monte Fuji de fondo.

Y la última parada... Japón, como no podía ser de otra manera. Tras haber vivido allí durante 6 meses en 2013 era casi como volver a casa. Aterrizamos en Osaka, y de allí fuimos a Nagoya, donde me volví a reunir con viejos amigos. (Nota: Si viajas a Japón no puedes olvidarte de visitar Kioto, y si es posible Nara e Hiroshima también. Yo ya lo hice en su día, por eso no aparecen en este viaje).

Una semana más tarde estábamos en Okinawa, un archipiélago al sur de las islas principales de Japón. Después de disfrutar de las playas y el buen tiempo, tocaba volver y terminar el viaje en Tokio, la gran metrópolis.

Y por fin... tras 24 horas de viaje... llegaba a Valencia el 23 de Diciembre, como el turrón.

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¿Y ahora qué?

A lo largo de estos 9 meses he vivido y aprendido más que en mis primeros 4 años de carrera (el quinto me fui de Erasmus :P). Obvia decir que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida, aunque estoy seguro de que aún no ha acabado, como aquella película que te deja pensando más allá de los créditos.

Ahora que he vuelto a Valencia, me quedaré por aquí los próximos meses para testear una idea de proyecto empresarial con un compañero. Hablaré del tema más adelante 😉 Si aún no lo has hecho, suscríbete a la lista de correo para seguir al corriente o sígueme por Twitter. Y por supuesto no dudes en comentar la entrada si estás pensando hacer algo parecido y te interesa saber sobre uno de los países o ciudades en concreto.

Aunque parezca difícil, estoy seguro de que este nuevo año puede incluso superar el anterior. Al fin y al cabo no se trata de las cosas que vives, sino de cómo las vives, por pequeñas que parezcan . Feliz 2015 🙂

Hace bastante que no escribo y creo que ya tocaba dar señales de vida, al menos para decir que no me he echado para atrás con el plan y que sigo tan ilusionado como al principio.

A una semana de coger el avión, ya tengo los visados de China y Tailandia en orden, estoy vacunado de todo lo vacunable, e incluso he empezado a prepararme la mochila.

Ha habido un pequeño cambio de planes. En lugar de hacer escala en Shanghai antes de aterrizar en Chiang Mai, mi amigo Ángel me ha convencido de que aproveche los 30 días del visado de turista y me quede el primer mes visitando el país oriental. Así que ahora estoy planeando una rutilla que me lleve por Shanghai, Pekín, Sián y Hong Kong, y me permita visitar también las provincias interiores de Yunnan y Guangxi. Escribiré una entrada detallando la ruta una vez la tenga más definida, pero puedes ver el progreso aquí.

En apenas unos días me marcho. Mientras tanto me dedico a disfrutar del tiempo que me queda en Valencia y de la gente que pronto echaré de menos.

Recuerdo una tarde universitaria un amigo me llamó por teléfono y me dijo: "Oye Bosco, ¿te vienes mañana a París? Uno de los colegas que iba a venir ha tenido q quedarse y sólo tendrías que pagar el cambio de nombre del billete de avión". No me lo tuvo que decir dos veces. Si te vas un fin de semana a París, entras en internet, compras los billetes, haces la maleta, y listo. Fácil. Si te vas 9 meses a recorrer Asia... No tan fácil.

Las vacunas han sido el primer contratiempo y mi primer error de principiante. Tenía ya comprado el billete a Shanghai para principios de Marzo, así que me puse las vacunas que normalmente recomiendan cuando te vas al sudeste asiático: Hepatitis A, tétanos, gripe, tifus y malaria o paludismo (que es una movida porque te la tomas allí cuando te adentras en determinadas zonas). Pero resulta que no es lo mismo si te vas un par de semanas a que te hagan masajes en Bangkok o a bucear en las playas de Puket que si te vas 9 meses incluyendo Birmania, Camboya o Laos. Así que he tenido que vacunarme además contra la encefalitis japonesa y contra la rabia (nunca se sabe cuándo te puede morder un tiburón rabioso), que son vacunas que se ponen durante un mes. Resultado: retraso la salida hasta principios de abril.

La segunda movida han sido los visados. Sólo he solicitado los de China y Tailandia, mis dos primeras paradas, y a medida que vaya decidiendo nuevos destinos iré gestionando sus permismos. Además del papeleo, para tramitar los visados de turista cuando te quedas más tiempo del "normal" has de presentar no sólo el vuelo de entrada sino también el de salida (y en caso de China, también la reserva del alojamiento). A lo tonto se te va un pico del prespuesto, y más si no vives en Madrid o Barcelona donde están las embajadas y consulados, porque necesitas que te lo gestionen por ti.

Y bueno... por no alargar la entrada me dejaré el tema del seguro médico, que espero sólo acordarme de él cuando vea la pasta que desaparece de mi cuenta cada mes. Me parece que a este paso voy a tener que recalcular el presupuesto 😛

No soy de un solo rincón, mi patria es todo el mundo. - Séneca

En un par de semanas tomaré un vuelo de ida a Shanghai, donde pasaré 5 días antes de llegar a Chiang Mai, Tailandia. A partir de ahí no tengo nada más decidido para el resto del año, pero espero poder visitar la mayoría de países del sudeste asiático (Tailandia, Indonesia, Malasia, Filipinas, Vietnam o Laos, entre otros). Voy a escribir el top 3 preguntas que mis amigos me están haciendo y contestarlas:

¿Te vas solo?

Sí. Pienso que hacer algo así yendo solo es la mejor forma de conocer gente, integrarte en la cultura y no depender de nadie.

¿Estás seguro/loco?

Creo que todo estudiante de arquitectura acaba un poco gilipollas desequilibrado después de terminar la carrera (aunque algunos ya empezaban así). Yo no soy excepción.

¿Te vas a trabajar o de vacaciones?

Aaaaaaamigo, esa es buena. Pues me voy con la intención de juntar ambas. Me llevo el portátil para poder seguir trabajando en proyectos de diseño gráfico y web desde allí (los días que no esté mochileando). Sí, ya lo se que no suena tan bien como tomarme un año sabático para gastarme mis ahorros en alcohol y fiesta, pero acabo de terminar la carrera y es la única forma de que sea sostenible y no tenga que volverme en bolas a los 3 meses.

Iré actualizando este blog una o dos veces por semana con consejos, anécdotas y reflexiones de la experiencia, comentando en Twitter, y colgando fotillos en Instagram. Invitad@ estás 😉

“Todo viaje de mil millas comienza con un primer paso”. —Lao-Tsé

La semana pasada presenté el proyecto de final de carrera. Por primera vez en mi vida me siento con total libertad para hacer y estar donde me dé la gana. Siempre me ha apetecido escribir por escribir, así que mi primer paso ha sido empezar este blog/página personal. Sí, ya lo sé, ya tenía un blog antes cuya desaparición es testigo de mi constancia, pero el mero hecho de tener un título me limitaba a la hora de elegir sobre qué escribir. Aquí escribiré cuando quiera y sobre lo que quiera. Sólo espero no estar tan inspirado como a la hora de elegir el título de esta entrada.

Si has leído esto, enhorabuena. Cuando me haga famoso podrás contar a tus amigos que tú leías este blog antes de que fuese mainstream.