Mi newsletter personal nació de este blog como una manera de «forzarme» a escribir periódicamente y a compartir lo que aprendía emprendiendo, viajando y, en general, viviendo.

A veces compartía lo que publicaba en mi blog sobre minimalismo, proyectos online y viajes. Otras me refugiaba en su efimeridad para abrirme y hablar con un tono mucho más personal y crudo.

Llegué a tener continuidad durante un par de años. Cada domingo la enviaba a más de 2.000 suscriptores y, si tuviera que elegir mi review favorita, sería la de Paulina:

Debo admitir que los domingos espero tu newsletter casi con la misma emoción que espero los capítulos de Juego de Tronos

Eran buenos tiempos. Pero apareció SinOficina y, con ello, otra newsletter a mi lista de redacción.

Al principio eran compatibles. En la news de SinOficina recopilaba una serie de enlaces y recursos sobre emprendimiento online mientras que la personal tenía un formato de micro-ensayo y era más… íntima. Pero poco a poco fui incorporando en la primera y a modo de introducción un pensamiento, una anécdota o algo que me parecía interesante destacar.

Esta pequeña intro se fue alargando. Cada vez me sentía más cómodo compartiendo reflexiones personales en «mi newsletter de trabajo» hasta el punto de que hace unos días confesé en ella que nunca he tenido una vocación y que a raíz de ello he pasado por momentos j*didos en mi vida.

¿Qué sentido tenía seguir manteniendo mi news personal cuando me estaba abriendo de esta manera en la profesional? ¿Qué sentido tenía seguir separando mi vida personal de mi profesional cuando, en mi caso, están tan ligados?

Pero me daba miedo dar el salto.

Siempre he animado a trabajar desde la marca personal. Los proyectos vienen y van, pero la marca personal prevalece. ¿Por qué entonces decido priorizar la news de mi negocio en lugar de la mía propia?

Lo he dicho muchas veces: SinOficina es el proyecto de mi vida. No es solo un coworking online, es un estilo de vida, es mi estilo de vida. Aquel que favorece la libertad en todos sus sentidos frente a la supuesta seguridad del trabajo por cuenta ajena, la fama de las startups unicornios, el conformismo o el ego desmesurado.

Cuando escribo la news de SinOficina hablo de negocios «pequeños», casi unipersonales, con principios y sostenibles en el tiempo. Negocios que no te harán aparecer en Forbes pero que te posibilitan pasar más tiempo con tu familia, viajar cuando tú decides o trabajar a un ritmo que te permite realmente disfrutar de lo que haces.

Hablar de ello abiertamente, además, filtra muy bien a la gente que entra en la comunidad.

Un tuit de Sahil Lavingia animando a crear negocios que podamos publicitar siendo nosotros mismos ha sido la confirmación de que hago bien trasladando esa parte de mí a la comunicación semanal de mi proyecto.

Ha sido el resorte que necesitaba para dar el paso y por eso hoy estoy matando mi newsletter personal.

Y aquí, querido/a lector/a, te doy a elegir:

Puedes no hacer nada y seguir suscrito/a a mi lista de correo BIP (Bosco's Irreverent People). Te avisaré cuando escriba algún artículo (3–4 al año) y para anuncios importantes, como un proyecto sobre minimalismo que tengo en el horno.

O puedes hacer clic aquí para recibir la newsletter de SinOficina cada domingo donde, entre otras cosas, comparto esas reflexiones y aprendizajes que antes compartía por aquí.

Algunas de las últimas hablan sobre multipotenciales, Clubhouse o ambición. Por supuesto siempre podrás darte de baja con un clic.

Sea como sea, gracias por interesarte por lo que escribo.

Durante la presentación del miércoles pasado hice un repaso de lo que habíamos ido haciendo en SinOficina pero, también, de lo que había aprendido durante el camino estos últimos 12 meses.

1 / Tener una “compañía de uno” no significa que lo hagas tú todo

Uno de mis referentes, Paul Jarvis, publicó hace unos meses un libro en el que habla de las “compañías de uno”. Empresas unipersonales que son lo suficientemente pequeñas como para crearlas y mantenerlas una sola persona.

Puede ser un profesional ofreciendo sus servicios online, vendiendo un producto físico o digital, desarrollando un micro-SaaS o, como en el caso de SinOficina, gestionando una web de membresía. No buscan crear el próximo unicornio, sino tener un negocio rentable sin perder la libertad que aporta trabajar en remoto y para uno mismo.

Sin embargo, no tener socios ni empleados no significa que tengas que hacerlo tú todo. Esto lo aprendí yo a la fuerza cuando, hace algo menos de un año, me di cuenta de que empleaba tanto tiempo solo en mantener el proyecto funcionando que no tenía tiempo de implementar las mejoras.

Céntrate en lo que mejor sabes hacer y, el resto, deja que lo haga otra persona. Como el nuevo vídeo de SinOficina:

2 / El cuerpo es un muelle que se rompe si lo estiras demasiado

Relacionado con lo anterior. Hace poco hablaba con un amigo que había montado un negocio online que le estaba funcionando muy bien... hasta que le falló el cuerpo. Síndrome de burn-out y cuadro depresivo.

En mi caso toqué fondo cuando, nada más terminó el evento de Madrid, enfermé unos días. Mi cuerpo dijo «basta».

Este año 2020 estoy aprendiendo de mis errores, pero todavía reconozco que he de trabajar más este punto y cuidar más mi cuerpo.

3 / Evita distracciones

Los concursos de startups son una pérdida de tiempo. Los eventos de networking son una pérdida de tiempo. La mayoría de conferencias y eventos presenciales son una pérdida de tiempo.

No me voy a poner a contar ejemplos aquí. He perdido ya demasiado tiempo.

Céntrate en la única cosa que hará que mejore tu proyecto.

4 / Compite por el largo plazo

John O'Nolan, fundador de Ghost, hablaba de la diferencia entre una startup y un negocio “indie”. Crear una startup es un sprint: conseguir inversión, montar un equipo grande y quemar dinero para crecer más rápido que la competencia.

Crear un negocio independiente es una maratón lenta y difícil. Llegar a crear algo rentable y sostenible en el tiempo sin financiación externa y sin un gran equipo no es algo que se consiga de un día para otro, por más que algunos se empeñen en venderte que sí.

Es construir una empresa en la que te sientas feliz de estar atrapado durante los próximos 20 años.

Será un negocio más lento y, quizás, más aburrido, pero también más resiliente.

Las startups están hechas para ser vendidas. Los negocios independientes están hechos para durar.

—John O'Nolan

Yo, que he elegido este camino con SinOficina, soy consciente que mi carrera será larga y dura. Veo a otros con estrategias cortoplacistas que queman sus audiencias y dañan su marca personal con tácticas de growth hacker de pacotilla. Está bien, cada cual que haga lo que crea.

Pero no es mi carrera. Compito por el largo plazo.

Hace unos meses traté de resumir el camino al éxito en una palabra que pudiese escribir y enmarcar delante de mi escritorio.

Tras darle muchas vueltas y dejar pasar muchos días sin encontrar el término que lograse sintetizarlo todo lo que quería, me inventé uno:

CREÆ.

Es, como imaginas, la fusión de otras dos: CREE y CREA.

Son las dos características que tienen en común todas las personas a quien admiro. Y los dos principios que, a mi modesta escala, me han llevado al punto en el que estoy ahora.

CREE en ti. Cree en tu proyecto, en tu idea, en tus capacidades para llevarlo a cabo.

Cree hasta el punto de cegarte.

Recuerdo cuando era nadador. Mi especialidad eran los 50 y 100 metros libres; las pruebas más rápidas.

En una competición, la piscina se divide en 6 u 8 calles y las centrales son ocupadas por los nadadores más rápidos de cada prueba —por eso en la tele verás los nadadores formando una V horizontal.

Cuando me tocaba nadar en una de las calles de los extremos significaba que mis compañeros de prueba tenían mejores tiempo que yo. En una prueba tan rápida era difícil mejorar mucho los tiempos y superar las calles centrales.

Pero en ese momento no te permites pensar en eso. Olvidas los tiempos, lo racional. Sales a ganar. Te engañas. Porque solo engañándote tienes posibilidades de hacerlo real.

Cuando echo la vista atrás y recuerdo, hace 2 años, presentando SinOficina en directo ante 250 personas y confiando en que un porcentaje de ellas viesen suficiente valor en ello como para pagar… pienso: ¿¡en qué leches estaba pensando!? Todo el mundo me había advertido que nadie en España pagaría por una comunidad online. Y aquí estamos.

Me doy cuenta que ha habido momentos puntuales en mi vida en los que me he “autoengañado”. A veces, incluso, de manera consciente. Me he tomado una pastilla imaginaria que me hacía creer que eso iba a salir bien, que lo iba a lograr.

Y, en muchas de las ocasiones, esa seguridad ha sido determinante.

No sé si la “gente de éxito” tendrá esa confianza en sí mismos de serie o tendrán que usar trucos mentales como yo. Pero sea como sea, estoy seguro que para lograr algo has de creer en ti mismo.

Pero no te puedes quedar solo en la creencia. Tienes que materializar. Producir.

CREAR.

Creer sin crear es quedarte en el misterwonderfulismo. Es llevar años creyendo que tienes una buena idea de negocio y contarlo en cada evento de networking al que asistes o en tu grupo de LinkedIn.

Crear no te garantiza el éxito. Pero te garantiza comprar un boleto. Y aprender con ello.

La gente que admiro crea. J*der, ¡no paran de crear! Crean negocios, crean proyectos, crean contenido que comparten en forma de artículo o de vídeo. ¿Cómo les da tiempo a aprender de tanto y luego, además, compartirlo?

Te cuento un secreto: en muchos casos, crean para aprender.

¿Quieres ser desarrollador web? Desarrolla webs. ¿Quieres ser escritor? Escribe. ¿Quieres tener un negocio exitoso? Monta 9 que no lo serán.

Las personas sobrestiman los beneficios de aprender consumiendo cosas y subestiman los beneficios de aprender haciendo cosas. — David Perell

Crea, aunque solo sea para aprender.

Leer esta reflexión está bien. Crear la tuya será todavía mejor.

¿No crees que puedes hacerlo?

* * *

PD: La imagen es de mi escritorio. He añadido CREÆ a una fotografía de Mark Lamontagne. Si te gusta, puedes descargarlo aquí.

El otro día encontré uno de los primeros CV que hice. Uno en el que llegaba a incluir jornadas o cursos de un día.

IV Jornadas de Arquitectura Sostenible y Bioconstrucción. 6 horas. ¡Ale, pa'l currículum!

Revisándolo, me di cuenta de que se cumplían un par de reglas:

  1. Todos los títulos, cursos y certificados que aparecían allí escritos no tenían ninguna relación con mis conocimientos reales.
  2. No hay ningún título, curso o certificado que confirme los conocimientos que tengo ahora.

Todo lo que sé de diseño gráfico, web, marketing, trabajo en remoto, emprendimiento... todo eso lo he aprendido de leer libros, artículos, emails —sí, suscríbete a la newsletter correcta y al cabo de un año sabrás más de un tema que asistiendo a “cualquier” curso presencial— pero, sobretodo, a través de la experimentación. De la prueba y error.

No hay títulos que certifiquen esto. Ni falta que hace. Si quieres conocer qué sé, mira mi trabajo. Lee mi blog, echa un ojo a mis proyectos o lo que comparto en Twitter.

Y lo mismo que pienso, hago. Me río imaginando lo ridículo que hubiese sido pedirle el CV a Bohdan cuando yo buscaba un desarrollador web, teniendo él una academia de diseño y desarrollo web.

Bohdan, que empezó a estudiar psicología, se suma a una filósofa y dos arquitectos para formar el equipo actual de SinOficina. Perfiles inquietos que hemos ido pivotando profesionalmente. Empecé a colaborar con ellos viendo lo que demostraban en público: lo que creaban, lo que escribían, lo que enseñaban.

La manera en que nos formamos ha cambiado. Antes no había otra que asistir a formaciones presenciales. Pero haber estado allí no es garantía de nada. Ese papel no es garantía de nada.

Ahora, un hilo de Twitter, una respuesta en Quora o un debate en tu comunidad online puede enseñarte tanto o más. La formación es contínua y ubicua. ¿Cómo certificas lo que sabes? Mostrándolo en público. No como un apartado en tu CV sino creando, compartiendo, debatiendo y ayudando constantemente.

Sabes lo que demuestras, no lo que te enseñan.

Hoy no pensaba escribir sobre esto pero ayer fue el Yellow Day, el que se estadísticamente debería ser el día más feliz del año. Y precisamente fue ayer cuando mi amigo Corti publicaba este tweet:

Me recordó, tras hablar con él, a mis “días de mi*rda”.

Una vez al mes tengo un día de mi*rda. Como dice Corti, no es por nada en especial. No es porque haya perdido un contrato importante u otra causa externa concreta. A veces es un cúmulo de pequeñas cosas, pero otras no logro definir la fuente. Simplemente estoy “de bajón”. Me quedo en la cama hasta las tantas o me voy a dar un paseo a solas sin querer hablar con nadie.

A veces creo que los emprendedores funcionamos con un combustible que se asemeja mucho a la fe ciega en uno mismo. Solo así entendería que existan personas que deciden montar una startup o un restaurante cuando el índice de fracaso es mayor al 80%.

Quizás los días de mi*rda son aquellos en los que “se te cala el motor”. Pierdes temporalmente la fe. Dudas. Pierdes el equilibrio. Pánico escénico. ¿Qué mi*rdas estoy haciendo? ¿Estoy construyendo algo grande o son castillos de naipes? Mira ese. Lo ha logrado. Y en menos tiempo. ¿Y si este no es mi camino? ¿Y si me canso? ¿Y si no llego? ¿Y si lo mando todo a la mi*rda y vuelvo a coger la mochila?

O quizás es otra cosa. ¿Sabes lo de «un gran poder conlleva una gran responsabilidad»? Siento que, a escala individual, el poder de la libertad conlleva la responsabilidad de decidir. Cuanto más libre eres, más decisiones puedes tomar. Y más decisiones debes tomar en tu día a día.

No sé si esa es la causa de los días de mi*rda. Si es agotamiento, pérdida de fe u otra razón totalmente distinta. Lo que sí creo conventiente es que se hable de ello, como ha hecho Corti. Como hice la semana pasada hablando de bloqueos mentales o con Pablo Moratinos hablando de momentos de inseguridad.

Normalicemos la vulnerabilidad.

La gente dice que soy ordenado. Ven una foto de mi escritorio aparentemente liberado de objetos innecesarios y piensa que soy un tío organizado. Yo creo que no tiene mérito, que en realidad es consecuencia de poseer poco, pero, lo que es seguro, es que no siempre fue así.

De crío, mi habitación era un caos. Tenía cierta tendencia a acumular objetos que me llamaban la atención. Tendencia que mi madre hizo desaparecer con los años a base de broncas cada vez que me obligaba a ordenarlo.

Increíblemente, por muy bien que ordenase el cuarto, a los pocos días aquello volvía a ser un vertedero. ¿Cómo era posible?

Lo entendí ya de mayor cuando me dieron a conocer, en una clase de física, el segundo principio de la termodinámica: el universo (y mi habitación formaba parte de él) tiende, con el tiempo, a aumentar en entropía. Tiende al caos, al desorden.

Así que parecía necesario que, de cuando en cuando, dedicase algo de tiempo a ordenarlo o, inevitablemente, desembocaría en la creación de un agujero negro interestelar con el bajo de mi cama como centro gravitacional.

Pura astrofísica.

Con los años me he dado cuenta que mi cabeza es como mi habitación. Está constantemente coleccionando ideas, información, aprendizajes.

Y también me he dado cuenta que escribir es ordenarla.

Cada vez que escribo, como estoy escribiendo ahora, hago un ejercicio de ordenar ideas, de sintetizar y de exponerlas de manera que tengan sentido para mí y para el que las lee. Es como si esas ideas fuesen objetos físicos que arrojo de cualquier manera en una habitación en el momento en que llegan y que, días después, dedico un tiempo a recogerlas una a una, tirar las que ya no sirven y etiqueto y almaceno correctamente las que sí.

¿Tiene sentido? ¿Te ocurre a ti también?

Por eso me cabreo cuando, excusándome en que estoy liado con SinOficina, SinCódigo o cualquier otro proyecto, dejo que pase el tiempo sin publicar en mi blog. Avanzo, sí, pero a medio plazo siento que me quedo sin ideas y que voy como pollo sin cabeza.

No sé si esto le pasará a otra gente y si el consejo de escribir un blog (o crear algún tipo de contenido en otro formato) es para todo el mundo. Quizás te sirva, quizás no (¿lo has probado?). A mí me ayuda y que me esforzaré por seguir haciéndolo. El próximo domingo más.

* * *

PS: Este lunes retomo el (vídeo-)podcast de SinOficina y comienzo la segunda temporada con un formato... diferente. Lo cuento aquí.

Acababa de hacer una videollamada con uno de los fundadores y había ido genial. Estábamos en el mismo rollo y teníamos ganas de crear algo bajo el paraguas de ambas marcas.

Como siempre hago cuando me enfrento a la decisión de involucrarme en un proyecto nuevo, me enfrenté a Las Preguntas.

Soy de los que piensan que si aceptas todo lo que te llega (la primera oferta de trabajo, una propuesta de negocio, etc.) estás dejando que sean otros los que diseñen tu carrera profesional. Que es necesario decir unas cuantas veces «no» para disponer del tiempo y la energía en buscar los «síes» con los que nos sentiremos más realizados.

Para saber a qué decir que sí y a qué decir que no, periódicamente me hago una serie de preguntas cuyas respuestas me ayudan a decidir mejor cuando me enfrento a la posibilidad de invertir mi tiempo en un nuevo proyecto.

Pero ese día me sentía más creativo, así que se me ocurrió plasmarlas en una especie de matriz y compartirlo en Twitter. Hoy lo explico en detalle.

Los elementos de la matriz VOCA

No todos los elementos tienen el mismo peso. Los comento en orden de quebrantabilidad (¿existe esa palabra?).

1 / Qué me guía (valores)

¿Te has parado alguna vez a escribir los valores que consideras más importantes en tu vida? Conocerlos te permitirá saber con qué proyectos, trabajos o negocios te vas a sentir cómodo y con cuáles no.

Descarta aquellos que causen conflicto con uno de tus valores. Esta es inquebrantable.

2 / Qué se me da bien (habilidades)

Unos son buenos escuchando, otros convenciendo. Unos son buenos pensadores lógicos, otros idean soluciones más creativas. Unos hablan bien en público, otros tienen una disciplina envidiable.

Involucrarte en un proyecto que no emplea tus habilidades, tus fortalezas, es partir con desventaja, ya que habrá otros competidores que sí lo hagan.

No es inquebrantable, pero no se me ocurre ninguna razón por la que no debas poner tus habilidades en juego.

3 / Qué sé (conocimientos)

Lo diferencio de las habilidades porque estas últimas, aunque se pueden perfeccionar, es más difícil hacerlo que adquirir nuevo conocimiento.

Listar qué conocimientos posees ahora es útil, pero no debería ser un impedimento a la hora de iniciar o de sumarte a un proyecto.

Por ejemplo, cuando pensé en crear SinOficina había mucho que tuve que aprender: buena parte de desarrollo web pero, sobretodo, de marketing digital.

Por eso, aunque quebrantable, has de tener muy en cuenta que requerirá de una inversión de tiempo extra. Según tu situación es algo que puedes permitirte o no.

También es importante tratar de adivinar si esos conocimientos adquiridos son reinvertibles en otros proyectos o no. Por ejemplo: yo sé que todo lo que he aprendido de diseño web y marketing podrá ser aplicado en el próximo proyecto, incluso aunque SinOficina no hubiese funcionado.

4 / Qué me apasiona (hobbies)

No quiere decir que tu trabajo sea un hobbie, sino que listar tus aficiones te puede dar una idea de si lo que haces en ese proyecto te apasionará.

Quebrantable, pero temporalmente.

Todos hemos tenido que pasar por trabajos o proyectos que no nos apasionaban en absoluto. En muchas ocasiones hay que aceptarlos porque necesitamos más ingresos, autoridad, visibilidad o influencia. En mi caso intento que sea algo muy puntual y temporal.

Eso es todo. Esta es la manera en la que tomo decisiones. Algunos me diréis que es muy similar al Ikigai. Pero con esto intento separar lo externo —la viabilidad del proyecto— que evalúo en un filtro anterior, para quedarme solo con el impacto o la relación entre el proyecto y yo.

¿Y el nombre?

Me pareció apropiado utilizar el acrónimo VOCA (Valores, hObbies, Conocimiento, hAbilidades) para nombrar la matriz, siendo además el principio de la palabra «vocación».

Porque, ¿qué es la vocación si no algo que emplea tus habilidades y conocimientos, alineado con tus valores y que te apasiona?

* * *

Sigue la conversación en Twitter

Es la segunda vez que intento escribir una entrada que reuniese mis logros personales del 2019 como ya hice en años anteriores (2015, 2016, 2017, 2018). La primera vez no fui capaz de publicarla porque me daba la sensación de que solo lo hacía para demostrar lo bien que me ha ido.

Hay una delgada línea entra la inspiración y el postureo. A veces es difícil encontrar el equilibrio.

Así que en esta lo volveré a intentar, pero incluyendo en cada logro un aprendizaje o dándole contexto para que se entienda qué ha habido realmente detrás de ese hito.

El 2019 empezó con un proyecto, SinOficina, “recién” lanzado con apenas medio centenar de suscriptores y, 12 meses después, ha terminado con la organización de un evento presencial y con más de 350 miembros.

¿Cómo llegué a eso? Con trabajo, mucho trabajo.

Por una parte, aportando valor constantemente a los miembros de la comunidad, ya que la principal herramienta de crecimiento ha sido la recomendación de los propios miembros. El mejor marketing es el que se basa en mejorar el producto.

Por otra parte, probando distintos canales de difusión: en enero comencé el podcast diario de SinOficina que mantuve hasta los 100 episodios y terminando con la entrevista en persona a Brian Gardner. Pero también apareciendo en otros canales, creando la newsletter, yendo a eventos o haciendo marketing de guerrilla. Aprendizaje: experimenta, prueba cosas diferentes a lo que está haciendo el resto.

Aunque la mayor parte del tiempo estuve volcado en SinOficina, también tuve tiempo de crear alguna que otra cosilla dentro de mi reto de lanzar proyectos en menos de 24 horas:

Ángel y yo lanzamos Vendehumos.com en marzo. Queríamos fomentar un marketing más ético y que utilizase argumentos más transparentes y honestos. A día de hoy lleva analizadas +15.000 páginas de venta.

En abril presenté AdoptaUnExperto.org y me becaron para hacer una formación en emprendimiento social en Birmingham. En AUE se han hecho una docena de adopciones que sirvieron para validar el proyecto, pero he de sacar tiempo para darle una vuelta y automatizar mejor el proceso.

En noviembre lancé SinCódigo y tuvo una recepción increíble: en pocos días había +800 personas suscritas a la lista de correo. Este será uno de los proyectos claves para el 2020.

Aprendizaje: crea. En SinOficina lo digo cada semana: somos makers, no dreamers. Unos proyectos han funcionado mejor que otros, pero la mejor manera de aprender es haciendo.

Vista de Chicago al atardecer desde uno de sus rascacielos.

También he viajado, sobretodo por España, aprovechando los eventos a los que he asistido. Pero pude sacar un mes en mayo para recorrer Chicago y la Costa Este de Estados Unidos.

Fue un momento importante porque comprobé a la fuerza que, en realidad, no eran necesarias las 10-12 horas al día que le estaba dedicando al trabajo. Volví con las prioridades más claras.

Aprendizaje: trabajar para uno mismo es duro y, a menudo, eres tu peor jefe. Es importante tratarse bien. Emprender es un camino a largo plazo y si te quemas al principio no llegas a nada.

De hecho, el año pasado comencé a delegar parte del trabajo de SinOficina. Bohdan cogió las riendas de la parte web y María me ayudó con la organización del evento. Estoy tan contento con la decisión que ya estoy buscando otra persona para la redacción.

En fin, que el 2019 ha sido un gran año. Un año que comencé con este tweet: «Por primera vez en mi vida comienzo el año nuevo sin la sensación de estar completamente perdido». Uno en el que el proyecto de SinOficina ha madurado, alcanzando la rentabilidad y demostrado que va para largo.

Si tuviese que condensar los aprendizajes de los últimos meses en un par de consejos serían estos:

  1. Trabaja, pero trabaja inteligentemente. Detente cada cierto tiempo a pensar si no existe otra manera de hacer las cosas, diferente al resto.
  2. Conecta, pero conecta proactivamente. No se trata de ir a eventos de networking a repartir tarjetas, si no de establecer lazos profesionales más profundos en los que te intereses genuinamente por su éxito.

El 2020 será interesante. Tengo varias ideas para expandir SinOficina, muchas ganas de lanzar el programa de SinCódigo y varios viajes marcados en el mapa. Pero la semana que viene me estreno como ponente en una charla TEDx y espero que sea un buen recuerdo en la revisión del 2020. Ya os contaré en la próxima entrada.

* * *

PS: Ya no me da para escribir todos los domingos en mi blog, pero sí lo hago en la newsletter de SinOficina, incorporando una reflexión personal antes de pasar a compartir recursos o artículos interesantes. Aquí un ejemplo. Suscríbete si te parece interesante.

Hace 6 años que me gradué como arquitecto. Y hasta hace 2 años todavía pensaba que, de una manera u otra, trabajaría en algún proyecto relacionado con la arquitectura. Un tercio de mi vida lo había empleado formándome en ello.

Y, sin embargo, hace poco más de un mes estaba en Madrid presentando un evento sobre trabajo en remoto ante 150 personas para cerrar un año increíble con SinOficina, un... ¿coworking online? Cómo se pasa de una cosa a otra en apenas 2 años es algo que contaré otro día. Hoy quiero compartir cómo viví el evento desde dentro y desde el principio.

¿Un evento?

En los 12 meses desde que lancé SinOficina habíamos crecido hasta los +350 miembros. Freelance y emprendedores que compartíamos, colaborábamos y crecíamos juntos. Todo online.

Con el buen rollo que se había creado, en las ciudades más grandes se empezaron a formar sub-grupos que hacían quedadas, se reunían para trabajar o iban a eventos juntos.

Empezamos a masticar la idea de organizar un evento general para desvirtualizarnos y conocer a los “compañeros de trabajo” con los que hablábamos diariamente pero nunca habíamos visto en persona.

Pero, ¿un evento? ¿de qué tipo? ¿una quedada informal en un parque o algo “de verdad”? ¿no era muy pronto? Yo nunca había organizado un evento, ni siquiera como parte de un equipo. De hecho, nunca organizo nada. Soy un desastre.

Pero la comunidad lo merecía, así que me tiré a la piscina. ¿Qué podía salir mal? Me parecía que mucho. Ahí estaban los miedos que suelen aparecer en estos casos: ¿quién c*jones era yo para hacer venir a esta gente desde sus casas en Escocia o Canarias, con lo bien que se está allí en invierno? ¿y si no viene nadie? ¿perdería la credibilidad de cara a los siguientes?

Pero salió bien y se agotaron todas las entradas a un mes y medio antes del evento. Los ponentes dijeron que sí, los patrocinadores dijeron que sí y los asistentes, vosotros, dijisteis que sí. Que un evento de comunidad pero también de referencia para hablar de trabajo en remoto en España era necesario e iba a ser apoyado.

Los preparativos

Si toda esta movida salió bien fue porque durante todo este tiempo tuve a Corti a mi izquierda y a María a mi derecha.

Hubo mucho curro. Mucho. Era nuestro (mi) primer evento y, para muchas cosas íbamos a ciegas. No éramos una marca conocida como puede ser WordPress. No sabíamos con cuántos patrocinadores podríamos contar y, por tanto, con qué presupuesto. Así que no delegamos nada.

Contactamos con ponentes, patrocinadores, proveedores, espacios (para el evento, para la comida, para la cena del día anterior), gestionamos el transporte y alojamiento de ponentes, diseñamos todo el merchandising (flyers, acreditaciones, roll-ups y hasta una app del evento).

También ideamos y diseñamos una especie de gincana-escape-room que llamamos Escape The Office. Los 150 asistentes estaban divididos entre las 20 plantas de un edificio de oficinas del que tenían que escapar, montar un negocio online e irse a vivir a Bali (como colofón de cliché). Esto completando una serie de pruebas que pensamos para desarrollar las habilidades blandas: comunicación, trabajo en equipo, resolución de problemas y creatividad, entre otras.

Poco a poco y con mucho mimo fueron saliendo las cosas. Hubo algún que otro susto y el día anterior del evento fue una auténtica gincana propia para llegar a todo y dejarlo listo.

Y casi sin quererlo llegó...

El día del evento

14 de diciembre en Madrid. Un día soleado. El día anterior habíamos organizado una “cena de no-empresa” —para los que somos freelance y no nos invitan a cenas de empresa— a la que asistimos 65 sinoficiners y donde nos conocimos muchos.

La mañana del evento llegamos 45 minutos antes de la apertura de puertas para prepararlo todo a contrarreloj: el puesto de acreditaciones, las sillas del auditorio, el equipo audiovisual, el catering... Los asistentes empezáis a llegar. Todo marcha.

Después de que Jorge nos activase con 10 minutos de semi-yoga, uno tras otro fueron pasando los ponentes por el escenario. Yo había elegido ponentes que tuviesen relación con el trabajo en remoto, claro, pero también —y esto no lo saben ellos— con cuyos valores conectaba. Profesionales que hablaban de transparencia, de excelencia, de cultura de equipo, de conciliación y que fomentaban una cultura de trabajo sana, alejándome de esas ponencias donde solo se habla de facturaciones sin importar el cómo ni el porqué.

Así, nos acompañaron Víctor Rodado y Pepe Martín, Valentina Thörner, Edu Salado, Wences García, David Blay, José M. Gilgado, Carlos Hernández.

El susto vino cuando Khoana me avisa de que el catering del café no llega. No nos cogen el teléfono. No aparecen. Me toca salir a decir que no iba a haber café. Más adelante nos dijeron que el repartidor había tenido un problema personal y no había avisado a nadie. De esto aprendimos que, aunque lo lleves todo organizado al milímetro, siempre hay cosas que escapan a tu control. Lo único que queda es comunicarlo y pedir disculpas.

El EscapeTheOffice fue un éxito. Para muchos un momento para volver a ser niños. ¿Cuántas veces al año nos permitimos eso? Me dio una envidia brutal no estar participando, aunque me lo pasé bien corrigiendo las respuestas. La semana pasada pudimos, por fin, anunciar los ganadores.

Con la última ponencia y el cierre y despedida terminó el evento... ¡o no! Porque con la entrada de varios patrocinadores vimos que nos sobraba dinero, así que pensamos: ¿cómo podría terminar el evento a lo grande? Estaba clarísimo: de la misma manera que celebro yo los éxitos y me repongo de los fracasos contratiempos.

De la mejor manera posible. De la única manera posible.

Con pizza.

Y cervezas, claro. Y así estuvimos +3 horas comiendo y bebiendo hasta que cerramos Talent Garden y seguimos en el bar de enfrente.

No podía haber imaginado un primer evento mejor que el que vivimos.

¿Habrá evento este año?

Si todo salió bien fue gracias a mucha gente. María y Corti, pero también Khoana, que estuvo todo el día ayudándonos; o Bohdan y demás sinoficiners que nos echaron una mano durante la apertura de puertas. Fue gracias, por supuesto, a los 11 patrocinadores, como Joan Boluda, Soloimprenta, Talent Garden o FotografíaEcommerce, que hicieron posible que rebajásemos el precio de la entrada a 20€ cuando el coste por asistente era de 5 veces más.

Fue gracias a los ponentes que confiaron en mí y dijeron que sí los primeros. Y fue gracias, cómo no, a los 150 asistentes que vinisteis y que le disteis sentido a todo el trabajo anterior.

Este año volveremos a hacerlo. Todavía no sabemos ni cómo ni cuándo (estate al corriente) pero sí puedo asegurar que contará con los 3 elementos imprescindibles a partir de ahora en todo evento SinOficina: ponentes con valores, una competición por equipos... ¡y pizza!

¿Suena bien?

Hace unas semanas decidí eliminar los comentarios en mi blog. Algunos lo notasteis y me escribisteis, así que lo comento por aquí.

Las razones son dos. La primera es fácil: por tiempo.

Estos últimos meses la distribución de mi tiempo ha ido cambiando continuamente. Y digo «cambiando» porque el tiempo es como la energía: no puedes crearlo de la nada. De ahí que sea tan importante tener claras las prioridades para emplearlo en lo que más te aporta, profesional y personalmente.

Dejé el trabajo con clientes para dedicar ese tiempo a impulsar y hacer crecer SinOficina. Conseguida cierta tracción, ahora dedico mi tiempo a organizar el evento anual y a lanzar y hacer crecer SinCódigo.

Pero hay una cosa que si no gestionas bien te come el tiempo: la comunicación. WhatsApp, email, Telegram, Slack, comentarios en blogs, redes sociales, Twitter, herramientas de gestión de proyectos... Saltas de una a otra y siempre hay mensajes que responder, casi nunca importantes. Pero cuando te das cuenta ha pasado la mañana.

Así que en mi obsesión de simplificar todo lo que me rodea, también lo he hecho con las comunicaciones hasta reducirlas principalmente a cuatro: Email, WhatsApp (solo personal), Twitter y el Slack de SinOficina. Ya hablaremos de con qué frecuencia consulto cada uno de los canales.

Como en toda simplificación siempre hay sacrificios. El tiempo es limitado. Por el camino quedaron el resto de redes sociales y los comentarios del blog, entre otras cosas.

La segunda razón es algo más complicada...

El hecho de haber dejado de mostrar desde hace tiempo el número de veces que se ha compartido la entrada en los botones sociales y, ahora, el número de comentarios, hace que elimine la sensación de que cada artículo que publico tiene que competir contra los anteriores.

Hace que me quite de la cabeza poder pensar «vaya, ¿solo 4 comentarios? ¿ya no gustará lo que escribo?». Algo parecido deben estar pensando en Instagram.

Lo he dicho varias veces: este blog es para mí. Y con esto me lo recuerdo a mí mismo. Quiero disfrutar escribiendo sin pensar en que un artículo tenga que tener por c*jones una imagen, un título seoptimizado y que busque la viralización a toda costa. Eso ya lo haré en mis otros proyectos.

Esto no significa de que pase de quien me lee. Contesto todos los emails que responden a la newsletter. Pero eso: por email.

La simplificación es parte del minimalismo y éste no está limitado a la cantidad de ropa que tengo en el armario. Información, comunicación, relaciones... La simplificación deja ir elementos de tu vida para otorgar más valor y tiempo a los que quedan en ella.

Algún día simplificaré mis proyectos, lo prometo.

* * *

PS: Me han dado un premio por SinOficina y estoy felizote.

Estaba el otro día en un evento cuando se me acercó un chico y, después de una breve introducción, empezó a contarme la idea que tenía desde hacía meses. Me preguntó si yo pensaba que era una buena idea.

—Yo ya no creo en las buenas o malas ideas —le dije, —creo en las ideas que sobreviven al mercado. Por mucho tiempo que pases preguntándole a “expertos” si tu idea va a funcionar, eso no te asegura nada. Mejor emplea ese tiempo en crearla, lanzarla y ver cómo reacciona el público al que va dirigido.

—Ya, pero es que no tengo tiempo ni dinero para contratar a un programador...

¡Boom! Ahí la tenía la misma respuesta que me dan en la mayoría de las situaciones similares a esta.

Yo mismo, cuando hace años estuve en un programa de emprendimiento, cometí el error de pasar 6 meses en mi burbuja de planes de empresa, tablas de Excel y esquemas chulísimos que me distrajeron de lo verdaderamente importante: materializar la idea. ¿Por qué? Porque entonces podrás mostrarlo a tu target y validar si realmente hay interés por tu producto. Podrás ver si la gente está dispuesta a pagar por él.

Pero claro, materializar la idea supone muchos meses de trabajo, contratar o tener como socio a un desarrollador... ¿verdad?

No. En muchos casos no.

Primero, materializar la idea no significa lanzar el primer día la versión completa de todo lo que tienes en la cabeza. Significa simplificarla hasta dejarla únicamente con lo necesario para que el producto resuelva el problema para el que ha sido diseñado. El Mínimo Producto Viable o MPV.

Segundo, en muchos casos puedes evitarte meses de desarrollo lanzando una web bien optimizada para móvil o una aplicación web en lugar de una aplicación nativa, o empezando con un grupo de Telegram en lugar de una red social a medida. Recuerda que lo importante aquí es validar el interés de tu público en que resuelvas su problema. E ir implementando mejoras y creciendo con ellos a partir de ahí.

De hecho, en los últimos años han surgido una buena cantidad de herramientas con el objetivo de facilitar la creación de productos sin tener que saber programar. Ryan Hoover, fundador de Product Hunt, anunciaba a comienzos de año el ascenso del movimiento “sin código”.

Un carro al que me subí hace poco más de un año con el reto de crear 12 proyectos online dedicando menos de 24 horas a cada uno precisamente como ejercicio de exploración de nuevas herramientas y demostrar que es posible materializar ideas en muy poco tiempo.

En los 7 proyectos que llevo lanzados he utilizado herramientas como Carrd, WordPress, Airtable, Zapier, Telegram, Mailchimp, Webflow, Loom, Backpack o Stripe. Saber los límites de cada una, cuándo y para qué utilizarlas es clave para no perder tiempo y recursos.

De ahí que haya decidido lanzar SinCódigo, un lugar desde donde compartiré experimentos, tutoriales y ejemplos de negocios online “sin código” con los cuales aprender e inspirarte para lanzar tu idea más rápido y sin tener aprender a programar.

—Pero, Bosco... ¿qué tienes en contra de los programadores?

¡Nada! Tienen toda mi admiración (y un poco de envidia, la verdad). Mi objetivo con SinCódigo es que no sea un impedimento para aquellos que no quieren o no tienen tiempo de aprender a programar pero quieren tener la oportunidad de emprender online.

Pieter Levels (NomadList, RemoteOK) pronosticaba en su blog que en un futuro escribir código será como ahora hacer fotos con una cámara réflex, y que crear productos “sin código” será como hacerlas con el smartphone. Es decir, que la gran mayoría de emprendedores podrán hacerlo “sin código” y que el desarrollo a medida estará reservado a un sector profesional muy acotado.

—Pero, Bosco... ¿me estás diciendo que puedo emprender online fácilmente y facturar 6 cifras en 3 meses?

Ejem... ejem... No. Esto no va de eso, ya me conoces. Materializar tu idea es una cosa. Lo buena que sea la idea, lo importante que sea el problema que resuelve, lo buena que sea tu solución, lo bueno que sea tu copy para venderla, lo bueno/a que seas tú para promocionarla... es lo que hará que triunfe.

Eso sí, en SinCódigo aprenderás las herramientas y metodologías para reducir el tiempo entre la ideación y el lanzamiento, y así poder emplearlo en lo demás o pivotar hacia otras ideas.

Será en formato newsletter semanal y la primera y más importante la enviaré el próximo miércoles. Entra en la web de SinCódigo y apúntate con tu correo.

¡Empezamossss!

* * *

PS: ¿Me ayudas a llegar a más gente? Aquí tienes mi tweet. ¡Te lo agradezco!

A mitad de año se me cruzaron los cables: decidí organizar un evento.

Pero empecemos por el principio.

Cuando ideé SinOficina como coworking online, el objetivo era que te permitiese contar siempre con el apoyo de tus compañeros estés donde estés, sí, pero sin que esto sustituyese las relaciones cara a cara.

Por eso creé los sub-grupos por ciudades. Así era más fácil hacer quedadas locales para trabajar, ir a eventos juntos o simplemente tomar algo y conocernos.

Pero había que hacer algo más. Algo que nos uniese a todos al menos una vez al año para desvirtualizar y “bajar a tierra” ese buen rollo que se vivía en la plataforma online. Y surgió la idea de hacer el evento SinOficina.

¿De qué trataría un evento para gente que trabaja sin oficina? Evidentemente, de trabajo en remoto. No había en España ningún evento profesional sobre el tema dirigido al público hispanohablante.

Fácil, ¿verdad? ¡Juas! No sabía dónde me metía.

Hoy, varios meses más tarde —y a falta de mes y medio para el 14 de diciembre— ya soy plenamente consciente de la locura que es organizar un evento. Sobretodo cuando es tu primer evento. Con ese monstruo interno llamado miedo susurrándote al oído: “¿Y si no viene nadie? ¿Y si a nadie le interesa? ¿Y si fracasas?”.

Por fuera das la impresión de que todo va a salir bien; por dentro eres un mar de dudas e inseguridades.

Pero tener cerca a María y a Corti, contar con el apoyo de Juan, la inspiración de mis amigos de Product Hackers y la ilusión de la comunidad hacía que creyese que era posible organizar un evento como este tan solo un año después de lanzar el proyecto de SinOficina.

Día a día iba viendo que la gente respondía, que confiaba en esto y pensaba: “¡j*der! ¡que esto es real! ¡que lo estamos haciendo!”.

Los ponentes respondieron y se subieron al carro enseguida. Vienen a Madrid desde Canarias, Barcelona, Valencia o Cantabria a compartir sus experiencias liderando equipos de trabajadores en remoto.

Los patrocinadores también respondieron. La entrada al evento cuesta 19€ e iba a ser necesaria la ayuda de patrocinadores para cubrir los costes. Es curioso que cuando vas a eventos ves a los patrocinadores como “los pesados de la publicidad”, pero cuando estás organizando un evento te das cuenta del papel tan importante que tienen en hacerlo realidad y nunca más los vuelves a ver de la misma manera.

Y lo más importante: la comunidad de freelance, emprendedores y teletrabajadores también respondió. La primera semana se vendieron un tercio de las entradas y hoy solo quedan 22 de las 150 plazas disponibles.

No sé exactamente qué conclusión sacar de este artículo. O si hay alguna. Es raro compartir reflexiones de un evento que no se ha realizado todavía pero todo esto también es parte del camino.

Todos los miedos, todos los nervios y todo el esfuerzo que hay detrás. Pero también la ilusión y el darse cuenta de que no es el universo el que conspira a tu favor, son las personas de las que te rodeas.

* * *

PS: No hay mejor momento que este para invitarte a venir al evento. Si eres freelance, emprendedor online o trabajas por cuenta ajena en remoto.. ¡vente! Trabajes desde casa, desde un coworking o desde la cafetería moderna de tu barrio. El evento está abierto a todo el mundo y no es necesario que formes parte de SinOficina.

Las ponencias molarán, pero además hemos preparado con mucho mimo actividades de networking y otras sorpresas para que te vayas de allí habiendo conocido a otros profesionales con los que crear sinergias mucha buena gente con la que pasar un gran sábado.

Échale un ojo y apúntate. ¡Pero rápido que apenas quedan entradas!

Estos últimos días le estoy dando muchas vueltas a la cabeza pensando en qué camino seguir con SinOficina a partir de ahora.

Hace tiempo que me di cuenta de que el crecimiento del coworking online iba a tocar techo algún día, lo que no esperaba es que fuese tan pronto. Ahora somos 350 y veo claro que ese límite será, estirando mucho, 500 miembros.

Cuando montas un negocio físico entiendes que hay ciertos límites. Si montas una cafetería vas a estar limitado por el tamaño del local. Como mucho podrás alquilar/comprar el local de al lado para ampliarlo, pero no mucho más. Cuando montas un proyecto online no te planteas que tenga un techo de crecimiento más allá del tamaño de mercado.

He hablado con otros compañeros y pensado varias maneras de esquivar estos límites y tratar de seguir creciendo con SinOficina bajo el concepto de coworking online, pero ninguna permanecía fiel a los principios con los que empecé el proyecto. Al final, un coworking online se basa fundamentalmente en la colaboración y la co-creación entre miembros de la comunidad. Y para que ese sentimiento de comunidad no se pierda y se convierta en una simple red social, ha de haber un límite de personas implicadas aunque no existan un límite espacial.

Por eso creo —sin ser el único ni mucho menos— que en unos años las redes sociales irán perdiendo importancia en relación a las comunidades online. Agrupaciones de personas en torno a temáticas concretas o valores comunes donde sus miembros conectan online de una manera más profunda que como lo harían en Facebook o Instagram. Con una monetización más transparente que la de utilizar nuestros datos personales y de comportamiento para ser carne de anunciantes en plataformas diseñadas para que gastemos nuestro tiempo en ellas.

Entonces, ¿qué pasará cuando lleguemos a 500?

Que no podamos crecer en miembros dentro del coworking online de SinOficina no significa que no pueda seguir creciendo de otras maneras. Se me ocurren dos:

Primero, bajo la marca SinOficina, proponiendo soluciones para un mercado cada vez más grande de trabajadores en remoto, freelance y emprendedores online. El Evento SinOficina es un ejemplo, pero hay más ideas en la recámara que me apetece mucho ir explorando y que iré compartiendo por aquí.

Segundo, bajo mi marca personal, continuando con el reto 12×24h como ejemplo de la metodología lean aplicada a la creación de proyectos online y creando otros proyectos relacionados con el autoconocimiento, la experimentación y el minimalismo.

Siento que mi camino emprendedor cada vez se asemeja más a un viaje sin billete de retorno. Explorando distintos países y decidiendo el siguiente sobre la marcha.

Sin saber muy bien dónde acabará todo y con el único objetivo de aprender, compartir y disfrutar de la aventura.

* * *

PS: La foto es de una de las playas en Mallorca, donde estuve 4-5 días visitando unos amigos y tratando de desconectar pensando en estas cosas.

A principios del 2019 me encontré en mi peor estado de forma en muchos años. Desde el lanzamiento de SinOficina 6 meses atrás había estado trabajando hasta 12 horas al día, 7 días a la semana y eso había afectado a mi salud en general.

Yo lo veía normal. Estaba sacando adelante un proyecto y no había tiempo que perder. Al menor descuido alguien me iba a adelantar por la derecha. O eso pensaba yo...

Emprender online con un negocio propio suele ser j*dido para la salud porque se juntan una serie de factores: Primero, no tienes horarios ni jefes, lo que hace difícil poner un límite a las horas que trabajas. Sobretodo cuando te apasiona lo que estás haciendo. ¿Ver una serie? ¿Para qué? Me entretiene más averiguar cómo añado esta nueva funcionalidad en la web.

Segundo, el trabajar frente al ordenador implica una tendencia hacia un estilo de vida sedentario. Si no me obligaba a salir de casa podía no hacerlo en todo el día (¡bendito podcast que me hacía salir a grabarlo!).

Y tercero, el hecho de emprender en solitario y sin socios hacía que toda la responsabilidad recayese en mí. Toda la carga mental que supone estar diariamente tomando decisiones que van a afectar directamente el éxito de tu proyecto es algo que pasa factura. Y al no tener socios no puedes liberarte o al menos dividir parte de esa carga.

Yo sabía que tenía que preocuparme por mi salud como quien sabe que fumar es malo. Pero continuamente aplazaba esa tarea: “cuando llegue a 100 suscriptores freno un poco”. “Cuando llegue a 150 ya sí que sí”.

Y llegaba pero no frenaba.

La sesión que dio Sergio Espinar en SinOficina sobre salud fue el revulsivo que necesitaba. Eso, y que durante el mes que pasé viajando por Estados Unidos y en el que no le pude dedicar al proyecto más de 2-3 horas diarias, descubrí que tal vez no era necesario dedicarle 12 horas al día. Que podía bajar una marcha e ir avanzando a un ritmo más sostenible.

Hablé con Sergio y acordamos que él me asesoraría en temas de alimentación, ejercicio y descanso. Farmacéutico y nutricionista, Sergio estaba a punto de lanzar WomanLift y, entre eso, asesorías y conferencias sentía que no estaba siendo todo lo productivo que pudiera. Así que yo, a cambio, le asesoraría en temas de proyectos online y productividad.

Tras mes y medio, una pequeña lesión y la campaña de las últimas semanas detuvo la evolución. Pero mientras estábamos hablando de retomarlo, le propuse a Sergio:

Oye, ¿y si lo hacemos en público? ¿Y si permitimos que otra gente que está en nuestra misma situación aproveche los consejos que nos vamos dando el uno al otro?

Estuvimos pensando en qué formato lo haríamos: YouTube, podcast, blog... Pero queríamos que fuese lo más parecido posible a las conversaciones que teníamos en WhatsApp... pero con funcionalidades que diesen más juego.

¡Boom! Telegram.

Con un canal de Telegram podríamos emplear distintos formatos según interesase: vídeos de ejercicios, audios con consejos, enlaces a contenido adicional, archivos de recursos, encuestas, etc.

La idea era poder compartir contenido útil relacionado con emprendimiento online, productividad y salud de una manera que no supusiese un esfuerzo extra para nosotros.

En apenas unos minutos monté la web y, durante la sesión de la semana pasada, presentamos el proyecto: Sergio vs. Bosco.

En este canal de Telegram podrás conocer mi rutina de hábitos matutina o escuchar a Sergio destrozar mitos sobre la alimentación y el entrenamiento. Pero también hacer preguntas específicas un día a la semana o conocer a referentes que irán pasando por el canal para dejarnos algunas perlas.

Además, iremos mostrando los resultados de esta “mentorización cruzada”. Eso sí: sin edición, sin maquillajes, sin postureo y sin filtros. Si un día me zampo una hamburguesa, me salto un entrenamiento o no consigo tachar una tarea en toda una mañana lo diré. Para Mr./Ms Perfection ya tenemos Instagram.

En mi caso será la evolución del podcast, con un formato mucho más abierto, directo y experimental. Y tengo muchas ganas de darle caña.

Con esto termino el artículo, cierro el portátil y salgo al río a correr. ¿Que no te lo crees? Echa un ojo al canal de Telegram.

El miércoles fue el cierre de una de las semanas más intensas de mi vida: SinOficina crecía de los 200 a los 350 miembros en tan solo 7 días, con una exagerada inversión en marketing de... 0€.

Yo no he estudiado marketing y a mí nadie me ha enseñado a vender. Todo lo que sé se lo debo a un par de libros, algún podcast, sentido común y mucha, mucha observación.

Desde que ideé y lancé SinOficina, el hecho de que estuviese resolviendo un problema que yo también tenía como freelance, me daba una gran ventaja: conocía bien al buyer persona porque esa persona era yo.

Mi objetivo, además, no era captar al mayor número de personas sino a las personas adecuadas, a aquellas de las que quería rodearme, a aquellas más... ¿similares a mí? Al menos en cierto grado. Vamos, que me estaba vendiendo a mí mismo. Eso simplificaba muchas decisiones.

Así que a la hora de pensar en la estrategia para la campaña de primer aniversario de SinOficina no seguí al pie de la letra ninguno de los métodos de lanzamiento que estoy cansado de ver. Lo que hice fue “diseñar” el mío propio basado en una sola idea: vender como me gustaría que me vendiesen a mí.

Una de las estrategias que aconsejarían muchos gurus del marketing y que a mí más rechazo me provocan es tratar de esconder la venta. Esa moda de meterte en una serie de (hasta cuatro) webinars “gratuitos” sin decirte que al final van a intentar venderte un curso de cientos o miles de euros que no aparece en ningún sitio hasta que no pasas por ese embudo. Yo nunca compraría nada vendido con tanta opacidad y de esa manera, así que lo descarté.

Elegí tener el precio de la membresía siempre visible —incluso ahora que está cerrado el registro— y la campaña comenzó con un webinar en directo y en abierto donde mostraba SinOficina por dentro. Presentación que, además, empezó dejando bien claro que una de las razones por las que hacía esa sesión era simple y llanamente vender.

Otra cosa que cosa que leerás en muchos blogs es que nadie va a mover un dedo por ti o por tu proyecto si no tienes un programa de afiliados.

Falso.

La mayor parte del crecimiento de SinOficina durante el primer año en general y esta última semana en particular ha sido por recomendación desinteresada. ¿Cómo puedes tratar de conseguir que otra gente recomiende tu producto/servicio?

1 / Dedica tiempo a crear algo j*didamente bueno o dar un servicio excelente. Nadie va a sacrificar su credibilidad recomendando algo mediocre.

2 / Comparte el “por qué”, la razón que te impulsa cada día a trabajar por el éxito del proyecto.

3 / Para recibir, primero da. Sé generoso en prestar ayuda dentro de tu red de contactos o de tu comunidad.

Podría seguir con varios ejemplos más de acciones que he visto que les “funcionan” a otros y que he decidido no hacer o que he hecho diferente, pero creo que ya se entiende.

Lo que quiero decir con todo esto no es que debas olvidarte de todo lo que digan los expertos. ¡No! Aprende de ellos, observa lo que funciona pero en última instancia pásalo por tu propio filtro. Pregúntate si tiene sentido que lo hagas tú. Pregúntate si va con tus valores utilizar textos de venta que sobrepasan la línea de la manipulación. Pregúntate a qué audiencia te diriges y cómo se va a sentir si les tratas como a niños de 8 años. Pregúntate si prefieres acciones cortoplacistas a crear un proyecto sólido que siga funcionando a largo plazo.

Conoce todo; cuestiona todo. Cuestiona el Product Launch Formula de Jeff Walker. Cuestiona los gráficos de facturación de tus referentes. Cuestiona sus intenciones. Cuestiona sus recomendaciones (y más cuando incluyen un enlace de afiliado...). Cuestiona las estrategias, hacks, tips que te vendan. Cuestiona este artículo.

Cuestióname a mí.

El miércoles pasado di una sesión online en directo y en abierto para mostrar al resto del mundo cómo era SinOficina por dentro, cómo había ido creciendo hasta superar los 200 miembros en este primer año y qué podían esperar quienes quisiesen pertenecer a este coworking online.

Ya en el tiempo de descuento, Eduardo, uno de los asistentes, me lanzó la pregunta: «¿Cual es tu vision a 5-10 años con este proyecto?»

Era una pregunta que ya había contestado en mi cabeza cada vez que tenía que tomar una decisión importante.

«La visión de SinOficina no es ser la comunidad de emprendedores online más grande en habla hispana... sino ser la más valiosa. Y esa es la diferencia clave. Cuando tu visión es ser la más grande entonces lo que buscas es conseguir gente. Cuando tu visión es ser la más valiosa entonces lo que buscas es conseguir a la gente adecuada».

Pero, ¿quién era la gente adecuada?

Lógicamente tenía que ser gente que trabajase sin oficina o buscase hacerlo. Freelance, emprendedores con negocios total o parcialmente digitales, trabajadores en remoto y nómadas digitales.

Pero para que SinOficina fuese la comunidad más valiosa tenía que ir más allá de ser un grupo de gente con distintos perfiles y experiencia. Tenía que estar compuesta por gente excepcional. Sin importar cuánto facturasen o cuántas startups habían montado, habían de ser personas que entendiesen la filosofía de co-laboración, de co-nectar, de co-mpartir conocimiento y de co-crear de un co-working.

A partir del momento en que definí la visión del proyecto, toda decisión posterior resultó mucho más sencilla. Toda acción de marketing iría encaminada a atraer a las personas que definirían la cultura de esta comunidad y a “esquivar” a las que pondrían ponerla en peligro.

Comencé por la propia página. El copy o texto de venta debía ser realista y transparente. Sin promesas de ganar pasta en internet ni revoluciones vitales. ¡Qué c*jones! Esto es un coworking online. Ese copy no atraería a tanta gente, pero sí a la correcta.

¿Y dónde encuentro a esa gente? Lo lógico era empezar por mi lista de correo. Tantos años criticando ciertas prácticas en mi blog e intentando decir las cosas como las pienso tendrían que haber ahuyentado a la gente que busca generar ingresos pasivos en pocos meses para trabajar en hamacas desde las playas de Tailandia.

¡Y funcionó! Aquellos primeros 40 sinoficiners plantaron la semilla de la cultura de la comunidad actual: colaborar en lugar de competir, crear en lugar de quedarse en las ideas y conectar en vez de simplemente compartir espacio.

Poco a poco, el número fue creciendo por el boca a boca. Resultó que los propios miembros eran los mejores filtradores, lo cual era bastante lógico: si la mayor parte del valor que obtenías en SinOficina era por su comunidad, únicamente querías recomendarlo a gente que pudiese sumar al grupo y no aquellos que solo entrarían para exprimirlo.

Seguí tomando decisiones que, aparentemente, no tenían demasiado sentido porque ralentizaban el crecimiento del proyecto. Como la de limitar el número de nuevos registros a un 20% mensual durante los primeros 6 meses para asegurarme que esa cultura no se perdía.

También la de negarme a ser entrevistado en blogs o canales que fomentaran valores contrarios a los que queería asociar SinOficina, a pesar de que eso me cerraba puertas a audiencias más grandes.

O dejando bien claro en la página web y en la presentación del miércoles pasado qué no es SinOficina.

En cada decisión que he tenido que tomar durante este año siempre he tenido presente la visión del proyecto para cuestionarme: «¿Esto a la larga hará la comunidad de SinOficina más grande o más valiosa?»

Todo indica que vamos por el buen camino. Y eso me da fuerzas para seguir persiguiendo esta meta.

Y tú, ¿has definido la visión de tu proyecto?

«Ufff... Tengo que darle más caña a Instagram, que ahí es donde está la gente ahora», me decía un compañero hace unos días. «Tengo que llegar a los 10.000 seguidores para que me dejen poner enlaces en mis stories, pero no tengo ni 1000. Tengo que publicar más a menudo.».

Mi última publicación en Instagram tiene más de un año y es de mi paso por Budapest. Como todas las de mi feed, son fotos de mis viajes sacadas con mi iPhone en las que raramente aparezco yo.

Quiero pensar que algo de encanto tienen que tener, porque si no dudo que hubiese llegado a acumular +10k seguidores, pero tampoco me cuelgo ninguna medalla: el mérito lo tienen realmente los lugares tan espectaculares que he tenido la suerte de visitar.

Cuando mi amigo, que en ese momento me pareció totalmente esclavo de la aplicación, preguntó sorprendido por qué yo, que “tenía los números”, no seguía publicando le conté las razones que me habían llevado a que abandonase Instagram.

Instagram nos hace infelices

Instagram es la red social que más depresión y ansiedad genera en los jóvenes. No lo digo yo, lo dice un estudio de la RSPH.

Toda la perfección fingida que se muestra incita a pensar que todo el mundo es feliz y exitoso... menos tú. Tú eres un/a pringado/a que está en el sofá de su casa mirando el móvil mientras los demás están viviendo la vida de sus sueños.

No quiero que me afecte lo que hagan los demás pero, sobretodo, no quiero que mis publicaciones afecten a otros e inciten a pensar que todo lo que hago es viajar y divertirme. La realidad es bien distinta: desde agosto del año pasado hasta marzo de este estuve trabajando 12 horas al día, 7 días a la semana para sacar adelante SinOficina.com.

Eso no aparece en mi Instagram y, sin embargo, ese soy yo.

Viajo mucho pero también trabajo como un cabr*n; me apasiona lo que hago pero también tengo momentos de dudas e inseguridad. No me envidies. Odio que Instagram muestre solo una cara de la moneda y yo no haya hecho nada por mostrar las dos.

Instagram no me permite disfrutar del momento

En abril estuve un mes viajando por Estados Unidos, pero no publiqué nada en Instagram. Qué locura, ¿no? Para algunos habría sido como no haber hecho el viaje.

Tomé la decisión porque durante mi último viaje a Colombia me di cuenta de que había momentos en los que no estaba “absorbiendo” lo que sucedía a mi alrededor sino que estaba pendiente de si eso o aquello era instagrameable. Pensando en cuántas views iba a tener esa story.

Me vino a la cabeza un tremendo «F*ck, Bosco, estás en la mi*rda».

A partir de entonces decidí que mis viajes iban a ser para mí primero y para mi familia después. Podría compartir algunas reflexiones con mis conocidos y seguidores, pero nunca a costa de sacrificar el momento.

Instagram no me aporta nada profesionalmente

Tal vez tú, si tu profesión se basa en inspirarte con imágenes (diseño, ilustración, fotografía, arte...) encuentres en Instagram una buena herramienta para seguir los trabajos de tus referentes.

En mi caso, Instagram no me aporta nada. Hay otras maneras mejores de mantenerse informado (newsletters, RSS) y mantener conversaciones con otros profesionales (Twitter) sin tantas distracciones ni tener que ir al “link en la bio” porque es una plataforma diseñada para...

Instagram me hace perder el tiempo

Fliparías en colores si te dijese el tiempo que de repente apareció en mi vida cuando dejé de usar Facebook, Instagram o ver las noticias y los periódicos digitales. El scroll infinito y los vídeos en autoplay son tan adictivos que hasta ha habido propuestas para prohibirlos.

No digo que no lo uses, pero al menos sé consciente del tiempo que pasas usando cada app. Ahora es más fácil que nunca: en iOS, Ajustes > Tiempo en pantalla. De nada. Ya me devolverás esas 2 horas al día cuando nos veamos la próxima vez a tomar unas cañas cara a cara.

Instagram es parte de Facebook

Facebook se lo ha montado genial: yo creo el contenido, lo consumes, otros pagan por aparecer en tu feed y Facebook cobra dinero por ello.

Esto no sería un problema si Facebook no hubiese demostrado una y otra vez ser una compañía sin ningún tipo de principios e incapaz de aprender de sus errores.

Por eso, en la medida de lo posible, evito contribuir a su negocio.

Entonces, ¿he abandonado Instagram definitivamente?

Lo dejo de lado indefinidamente y, si vuelvo a usarlo, lo haré con ciertas condiciones, pero no está en mis planes.

Por ahora me siento más cómodo en Twitter (@BoscoSoler). Si sigues a la gente adecuada puede ser una fantástica fuente de información. Si no lo controlas puede ser un pozo de la toxicidad más absoluta.

Me siento cómodo escribiendo estos artículos. Controlando qué comparto, cuándo lo comparto y cómo lo comparto. Me siento, desde luego, más «yo» que en mi perfil de Instagram.

Me siento cómodo con la comunidad de SinOficina rodeado de gente creativa y generosa. Allí paso la mayor parte de mi tiempo social virtual.

Creo, como muchos otros, que las redes sociales, tal y como funcionan ahora (altavoz > seguidores), tienen sus días contados y que, poco a poco, iremos migrando hacia comunidades cerradas y horizontales que giran alrededor de temáticas concretas fomentando conexiones más auténticas entre miembros.

Pero eso ya es tema para otro artículo.

* * *

El miércoles 11 de septiembre se cumplirá un año desde el lanzamiento de SinOficina.com y lo voy a celebrar con una sesión en abierto y en directo donde compartiré con total transparencia el proceso de creación y crecimiento y todo lo que he hecho durante estos 365 días: estrategias, métricas, pivotajes, campañas, cambios, etc. Todo lo que ha salido bien y todo lo que ha ido mal (y qué he aprendido de ello).

Aprovecharé también para enseñarte por dentro la plataforma y enseñarte qué es un coworking online. Si eres freelance, emprendedor online, teletrabajador… o quieres serlo, esta será una oportunidad única para que veas SinOficina por dentro y decidas si esto es para ti o no.

Tanto si puedes asistir al directo como si no, apúntate y podrás verlo en diferido los 7 días siguientes.

A principios de semana me encontraba con el vídeo de un autodenominado nómada digital con el que resumía su paso por Bali.

La intro de medio minuto me dejó loquísimo: balconing, alcohol y chicas en bikini. Bali 2.0 se titulaba, pero no conseguí distinguir la isla indonesia en ninguna de las imágenes.

No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché o leí el término “nómada digital” pero me enamoró el concepto: gente que trabaja en remoto gracias a su ordenador portátil y que aprovecha esa libertad para moverse entre distintas localizaciones cada cierto tiempo.

Me flipó tanto que, nada más entregar el proyecto final de carrera y graduarme como arquitecto, cogí la mochila y pasé casi un año viajando por más de una docena de países mientras trabajaba como diseñador web.

Desde entonces he tenido la oportunidad de visitar muchos otros lugares, siempre con el portátil en la mochila. Y también desde entonces he ido viendo cómo se prostituía el concepto de nómada digital hasta ser utilizado como cebo para vender cursos de dropshipping y negocios online de todo tipo a millenials desencantados.

Jóvenes que luego llegaban a Bali o al Ko Pha-ngan de turno para fundirse los ahorros en [véase intro del vídeo superior] antes de descubrir que para tener un negocio online hay que aportar una solución a un problema real y que es difícil vivir de contar a la gente cómo ganar dinero por internet o de publicar una entrada a la semana en su blog de viajes y lifestyle.

Esto es lo que me he ido encontrando en Bali, Chiang Mai, Medellín...

Por eso, cuando compartí mi frustración por el vídeo en Twitter y Enric me contestó: «¡Suerte que también tenemos un nomadismo digital con valores, ejemplo de ello SinOficina.com!», me alegró el día.

En SinOficina.com no tengo (todavía) una página donde cite los valores o principios. Pero me tranquiliza ver que no es necesario. ¿Quieres ser un nómada digital? Estupendo. Pero el cómo es importante.

¿Cómo eres nómada? ¿Cómo viajas? ¿Cómo interaccionas con la gente y con la cultura local? ¿Cómo respetas? ¿Cómo devuelves?

¿Cómo eres digital? ¿Cómo te ganas la vida en remoto? ¿Cómo aportas valor al mundo con tu trabajo? ¿Te apasiona? ¿Te llena?

Esta serie de preguntas son las que quiero que se haga la gente que oye hablar de ser nómada digital o que lo conoce por mí. Porque en esencia, el concepto del nomadismo digital habla de libertad, de apertura de mente y de crear lazos entre culturas, pero se nos puede ir de las manos rápidamente por un par de likes en Instagram.

* * *

El miércoles 11 de septiembre se cumplirá un año desde el lanzamiento de SinOficina.com y lo voy a celebrar con una sesión en abierto y en directo donde compartiré con total transparencia el proceso de creación y crecimiento y todo lo que he hecho durante estos 365 días: estrategias, métricas, pivotajes, campañas, cambios, etc. Todo lo que ha salido bien y todo lo que ha ido mal (y qué he aprendido de ello).

Aprovecharé también para enseñarte por dentro la plataforma y enseñarte qué es un coworking online. Si eres freelance, emprendedor online, teletrabajador... o quieres serlo, esta será una oportunidad única para que veas SinOficina por dentro y decidas si esto es para ti o no.

Porque prefiero mostrarte lo que hay directamente sin pasar por trainings o tener que redactar páginas de venta kilométricas y llenas de promesas que ni yo ni nadie pueden cumplir por ti.

Apúntate aquí y nos vemos en la sesión.

A partir del año 450 a. C. Atenas se convertía en el centro cultural del mundo griego. Desde las colonias y otras ciudades llegaron un gran grupo de profesores y filósofos que se llamaban a sí mismos sofistas y que vivían de enseñar la sabiduría a los ciudadanos.

La palabra «sofista» (del griego sophía, «sabiduría») significa precisamente eso: persona sabia o hábil. Fue durante este tiempo que vivió Sócrates, uno de los filósofos que más influencia ha ejercido sobre el pensamiento europeo.

Sin embargo, Sócrates no se consideraba sofista porque nunca se vio como poseedor de la sabiduría. Se llaba a sí mismo filósofo, en el verdadero sentido de la palabra.

«Filósofo» significa en realidad «uno que busca conseguir sabiduría».

Sócrates, como filósofo, era consciente de que en realidad sabía muy poco y, por eso mismo, intenta una y otra vez conseguir verdaderos conocimientos. De ahí su famosa frase: Solo sé que no sé nada.

El mundo está lleno de sofistas. De gurus y de expertos charlatanes que dicen poseer la verdad absoluta, el método infalible y que nunca, nunca se equivocan.

Y a menudo, cuando empezamos a mostrarnos como profesionales, caemos en querer parecer más de lo que somos, movidos por el famoso mantra fake it ‘till you make it.

No hay nada más ridículo que un junior dándoselas de sabelotodo.

¿Y si en lugar de adoptar la postura del sofista adoptamos la del filósofo?

¿Y si nos mostramos al cliente con la actitud de «no lo sé todo, pero voy a dar lo mejor de mí para buscar la solución idónea, y lo haré aprendiendo en el proceso»? Al fin y al cabo, el buen profesional vive en aprendizaje continuo y cada proyecto, cada cliente, te convierte en alguien más sabio.

Cuando adoptas la postura del “guru” puede cegarte tu ego, no reconocer tus errores y no ser capaz de rectificar a tiempo.

No se trata de no tener criterio propio o de mostrarse inseguro, sino en cambiar dónde se asienta esa seguridad.

Si asentada en tu sabiduría o conocimiento, la seguridad es frágil, sobretodo cuando estás empezando. Un pequeño error, una duda, y la máscara de experto quiebra como el vidrio.

Pero si la seguridad se asienta sobre tu actitud: proactiva, honesta, resolutiva…

Entonces eres imparable.

* * *

PS: Este martes a las 19:00h tendremos sesión abierta en SinOficina en la que Antonio Cantero (Woodemia) nos hablará de analítica para ecommerce para gente corriente. Si tienes una tienda online o estás pensando en abrir una, ¡eres bienvenida/o!

Hace unas semanas acababa de llegar a Chicago, una de las paradas de nuestra ruta estadounidense. Cuando ya llevaba aquí un par de días, mi hermano comentó durante una conversación:

—¿Sabes que Brian Gardner vive aquí?

—¿Ah, sí? No tenía ni idea.

—Pues sí. Deberías escribirle.

Sonreí y le miré con burla antes de quedarme en silencio unos segundos y contestar:

—¡J*der, pues claro que le voy a escribir!

Ahora, para quien no sepa quién es Brian Garner haré un inciso. Brian es un referente dentro del mundo WordPress porque es el fundador de StudioPress, el equipo detrás de Genesis, el framework y plantillas más utilizadas en WordPress. Hablamos de varios millones de páginas entre las que incluyo la mayoría de las que he hecho yo. Si, también esta.

Para cualquiera que trabaje con WordPress y Genesis, obviamente, sería un lujazo conocerle. Pero, además, Brian ha sido para mí un referente en cuanto a esilo de diseño y en cuanto a comunicación. Sus artículos y newsletter siempre han sido muy honestos, mostrando tanto lo bueno como aquello que se suele ocultar al público cuando quieres proyectar una imagen de éxito.

Si soy tan directo y tan transparente en mi manera de comunicar es porque gente como Brian me inspiró a hacerlo.

Este último año y medio he conocido a mucha gente interesante simplemente invitándoles a hacer una videollamada. Pero eso me ha curtido también en rechazos.

«Total, el “no” ya lo tengo», pensé. «No pierdo nada».

Así que hice un apaño rápido con un editor de imágenes y publiqué este precioso tweet:

Y, contra todo pronóstico, Brian contestó y aceptó la propuesta.

Así que después de un intercambio público de tweets para decidir lugar y hora y un par de días después, allí estábamos los dos pasando la mañana en un Starbucks hablando de emprendimiento online, diseño web y comunidades online (sí, por supuesto le enseñé por dentro SinOficina, ¿qué pregunta es esa?).

Y cuando ya hubiese podido darme con un canto en los dientes y volverme a casa la mar de felizote... saco el móvil del bolsillo, le planto a Brian el micro delante de su jeta y, sin darle ninguna explicación, le suelto:

Brian, you have no shame! You're a shameless person! (¡Brian, no tienes vergüenza! ¡Eres un SinVergüenza!)

Y el tío, en lugar de sorprenderse, ofenderse o quedarse en blanco, coge y se parte el c*lo en mi cara.

Y ahí comenzó la entrevista a uno de los más grandes SinVergüenzas que he tenido el orgullo de conocer. Un tío que no tiene reparos en decir las cosas como son y en mostrarse al mundo (online) tal y como es en realidad. Entrevista con la que este viernes cumplí los 100 episodios del podcast y con la que cierro la primera temporada.

La puedes escuchar aquí y también leer la transcripción y traducción de la conversación. Dura apenas 10 minutos en los que hablamos de su camino desde gestor de proyectos en un estudio de arquitectura hasta crear StudioPress y venderlo hace unos meses. Y también de comunicación honesta y de comunidades online.

Y su reflexión final es la leche. Toma clickbait.

Pero, en realidad, lo que quiero transmitirte con toda esta historia es que muchas veces dejamos ir oportunidades simplemente por no intentarlo. Simplemente porque lo vemos como algo fuera de nuestro alcance.

Y lo peor de todo es que son situaciones es que las posibles pérdidas (unos minutos de tu tiempo o pasar un poco de vergüenza) son ridículas comparadas con la posible ganancia.

Si me lees desde hace tiempo sabrás que soy todo menos un Mr. Wonderful. En lo que creo es en la proactividad y en la estadística.

Reunirte con tu referente, pedirle una cita a la persona que te mola, tratar de vender tus servicios a un cliente grande...

Inténtalo. El “no” ya lo tienes.

Fallas el 100% de los tiros que no lanzas.

—Wayne Gretzky

PS: Tenía muchas ganas de volver a escribir pero muy poco tiempo. Ahora que me tomo un descanso con el podcast seguiré compartiendo contigo lo que voy aprendiendo de los proyectos que lanzo, los viajes que emprendo y de la gente como Brian que la vida (y una buena dosis de proactividad propia) pone en mi camino.

PS2: De nuevo, la entrevista.