Las distintas caras de un lugar

Puesta de sol del centro histórico de Estambul desde Kadıköy, al otro lado del Bósforo

Puesta de sol del centro histórico de Estambul desde Kadıköy

El miércoles volví de pasar unos días en Estambul, una ciudad en la que podría perfectamente quedarme varios meses a explorarla.

Y aunque apenas disfruté de tres días enteros, intenté exprimir al máximo la experiencia. Esto, en mi caso, es algo diferente a lo que puedas tener en la cabeza.

La parte más conocida de Estambul es el área histórica de lo que antaño fue primero Bizancio y luego Constantinopla. Es el lugar donde están los iconos más importantes (Santa Sofía, la Mezquita Azul, el Gran Bazar, el hipódromo, el palacio Topkapi...) y por tanto el lugar donde los turistas pasan la mayoría de tiempo.

Yo —que también soy un puñetero turista, no confundamos— no pasé más de medio día en la zona antigua.

No porque no me interesara, de hecho Santa Sofía me dejó sin habla. Pensar que fue construida hace 1500 años me sigue pareciendo irreal. Pero no había ido a Estambul a observar solo la parte histórica.

Hay algo más que me apasiona de viajar y es el observar lo cotidiano, lo mundano, y las distintas caras de un lugar.

Estambul es una ciudad de más de 15 millones de habitantes. Imagínatelo. Cada distrito es como una ciudad entera, así que intentar hacerte una idea general de cómo es la ciudad después de haber pasado unas pocas horas en el casco histórico o merodeando por el Gran Bazar es... poco preciso.

Antigua basílica de Santa Sofía

Así que pasé la mayor parte del tiempo intentando descubrir las caras menos obvias de la ciudad. Me alojé cerca de la plaza de Taksim, el centro neurálgico del Estambul moderno y paseé por el barrio de Eyüp, de ambiente otomano y totalmente opuesto.

Crucé el Bósforo para recorrer las calles del cosmopolita distrito de Kadıköy y me perdí por las de los suburbios de Fatih, más allá de la antigua muralla. Tuve tiempo de salir por el barrio bohemio de Beşiktaş y de observar a la gente del centro financiero de Levent.

Mi anfitrión de Airbnb me miraba con cara de incrédulo cuando le contaba mis planes.

Obviamente esto es nada comparado con pasar unos meses o años viviendo en la ciudad, pero me permite hacerme una mejor idea de la “realidad” de la ciudad, de su cultura y de su gente. Y es algo que elimina o al menos reduce el efecto que los prejuicios tienen en nosotros.

La próxima vez que visites un lugar te invito a que dedices un día (o al menos medio) a perderte por las zonas menos turísticas y contemplar así lo cotidiano y lo real de las personas que lo habitan.

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13 comentarios

  1. Hola Bosco,

    Una cosa que mencionas muy acertadamente es que tu también eres un turista. Yo opino que cualquier persona que vaya a una ciudad y pase menos de dos meses es un turista. ¿Es algo malo? no, ni mucho menos. Pero en algunos blogs puedo leer: yo no hago lo que hacen los turistas cuando visito una ciudad como si ellos no lo fueran. más acertado sería decir "otros turistas suelen hacer... mientras que yo prefiero..."

    Yo creo que si fuera tres días a Estambul, ciudad en la que nunca he estado, me parece a mi que haría lo que hacen todos los turistas. De hecho es lo suyo ya que los turistas vamos a lo más notable de la ciudad. ¿que nos perdemos mucho de cada ciudad? indudablemente, pero opino que lo otro menos turístico necesitas más tiempo.

    Tu que conoces Valencia sabes que si voy a Valencia 5 días, aunque dos días me vaya uno a Patraix y otro a Benimaclet, con un día para cada lado no me va a permitir conocer a los Valencianos mejor, y aunque posiblemente disfrute Benimaclet, muy poco probable es que disfrute Patraix.

    Un abrazo

    PD: He vivido 5 años en Valencia, era solo un ejemplo asumiendo que nunca hubiera estado en Valencia previamente y didico 5 días a visitarla 🙂

    1. Jeje, me hace gracia los viajeros que no se consideran turistas, así que intento no caer en eso 😉

      Estoy de acuerdo contigo: Para conocer mejor una cultura necesitas tiempo. Desde luego me hubiese gustado haberme quedado más tiempo para conocer mejor Estambul, pero considero que un poco es mejor que nada, no?

      Un abrazo Edgar!

      1. Claro!!! un poco es siempre mejor que nada!! Supongo que lo que yo pienso es que si voy un poco al final iría a "lo fácil" y vería lo más turístico.
        Está muy bien que, aunque vayas solo pocos días, viajes a tu manera.

        Un abrazo Bosco!

  2. Buenas Bosco,

    Tomo el consejo tío, la verdad es que yo (que he viajado poco la verdad) siempre he sido el típico turista que va a lo que todo el mundo visita. Excepto cuando estuve en París, que estuve un día andando si GPS hasta ver a dónde llegaba, y la verdad es que me sorprendió mucho.

    Supongo que se podría hacer una equivalencia entre viajar y cualquier otra área de nuestra vida. Al fin y al cabo, cuando estás dispuesto siempre a explorar y aprender algo nuevo, es cuando surgen nuevas oportunidades y más te atreves a salir de tu zona de confort.

    Me viene a la cabeza que lo que cuentas en el post es totalmente aplicable a emprender o crear nuevos proyectos, y más incluso a toda labor que requiera sacar nuestro lado más creativo. Aquí es donde más necesario se hace ver las distintas caras que algo nos ofrece.

    Siempre se puede sacar una reflexión guay de lo que escribes Bosco. ¡Un abrazo crack!

    1. Me encanta que lo hayas extrapolado a otras áreas de la vida, Alex. Mientras escribía también pensaba que quizás hacemos un poco eso con las personas. Me explico:

      Siempre empezamos conociéndolas por la parte más “turística”: el aspecto físico, la manera de comportarse, preguntamos en qué trabaja, averiguamos de quién se rodea... Pero cuanto antes llegues a las capas más profundas de una persona antes la llegas a conocer en realidad.

      Un abrazo Alex!!

  3. Hola Bosco.

    Es genial ser un turista consciente. Viajar se convierte en una transformación cuando miras más allá de lo meramente recomendado para visitar.

    Apenas tres días te han permitido ver distintas caras de la misma ciudad (o, al menos, cómo están vestidas) y he echado de menos que me cuentes las impresiones que te causaron (no te quedes con eso dentro y arráncate, ¡hombre! 😂).

    Por otra parte, estoy con Edgar: para sumergirte en una cultura y dejar de ser turista tienes que vivir en ella un par de meses como mínimo. La verdad es que yo no sentí mía la cultura peruana hasta después del primer año (y ya pasé el tercero, ay madre...).

    Lo que nos pasa a más de uno y a más de dos es que nos gustaría saber lo que guarda una cultura detrás de otra. Y quedarse a vivir en tantos países para lograrlo... Eso sí hay que tener pelotas para hacerlo.

    Quizá si seleccionamos algunos y nos atrevemos a hacerlo, seamos nómadas hermanos de todos los ciudadanos del mundo.

    Quizá así muchos de los prejuicios que las fronteras nos trazan desaparecerían.

    Sigamos mirando más allá de lo que el turismo clásico nos enseña. Seamos turistas conscientes.

    ¡Un abrazo de domingo! 😊

    1. Gracias por la reflexión María!! 😀 Efectivamente... Hay tantos lugares en los que me quedaría a vivir un tiempo para llegar a conocer en profundidad a su gente... Pero bueno, como le decía a Edgar, un poco de tiempo (empleado según de qué manera) es desde luego mejor que nada 🙂

      Ah! Y lo de contar las impresiones... Yo no sirvo para blogger de viajes 😅

      Un abrazo!

    2. María, me gusta mucho lo que dices. Somos turístas, pero hay que ser, como tu dices, turístas conscientes y consecuentes.

      Un abrazo!

      Bosco, las impresiones se tan dan muy bien.... aun me acuerdo del tremendo post de sensaciones en China (creo que era).

      Un abrazo!

  4. Hola Bosco,

    Como a María, a mi también me hubiera gustado leer tu impresión de la ciudad. Para sentir la energía que desprende no creo que haga falta vivir meses, bastan unos días de turista atípico. Para mi Estambul es la ciudad en la que todo es posible, donde con esfuerzo se logra todo, sea lo que sea. Cada ciudad me transmite una vibración / sentimiento diferente y ésta siempre me ha dado la misma impresión. He estado varias veces en ella y, como tú, la he cruzado en diagonales inusuales y siempre me aporta algo.

    Un abrazo

    1. Carlos, creo que has resumido de manera genial la impresión que me causó Estambul 🙂 Una ciudad donde, a pesar de que todo me parecía exótico, no me sentía fuera de lugar.

      Un abrazo!!

  5. Me alegra leer que has disfrutado de las calles de mi gran amor, Estambul.
    Es una ciudad tan mágica, tan llena de vida, tan llena de historia, le recuerdo con un amor único.
    Espero que no pase mucho tiempo, hasta que vuelva a ella.

    Y has hecho bien, yo vivía en 4 Levent, y cada vez que iba a algún otro lugar de la ciudad tenía la sensación de estar cambiando de país 🙂

  6. Totalmente de acuerdo contigo Bosco, nos preocupamos mas de ver todos los monumentos y cosas que vienen en las guías de viajes y pasamos por alto la verdadera esencia del lugar (sus gentes).

  7. Hay que saber discernir los monumentos de lo que son los lugares, como bien dices, habría que quitarse la etiqueta o el condicionante de turista, y convertirnos en habitantes del mundo.

    Se nos condiciona mucho, desde la publicidad, el cine, asociamos más un sitio a sus construcciones, que a su gente, cuando es la gente la que conforma los lugares. Sin humanidad, no hay cultura, ni diversidad.

    Yo cuando viajo, siempre procuro alejarme de los escenarios típicos, lo bonito, yendo a las entrañas de los sitios, se conecta con la gente más profundamente, por alguna razón, yo suelo tener inclinación a relacionarme con los vagabundos, me parecen personas que pueden ofrecer una percepción más sincera del lugar, ya que viven en el propio entorno, sin aislarse con ocio o entretenimiento, ellos son observadores, viven y palpan lo que se gesta en presente.

    Unos monumentos pueden recrearnos la vista, al igual que un bonito escenario natural, pero lo que verdaderamente nos va a dejar huella, es el trato que tengamos, las interacciones que desarrollemos en cada sitio, no importa si se esta un mes, o semanas, o días. Conozco gente que ha estado fuera durante años y han vuelto a sus casa igual, y otras personas que en 4 días han vuelto totalmente transformados. Creo que esto depende del foco, de la forma en que concibes el viaje. Hay personas que viajan para huír de sí mismos, otros lo hacen para encontrarse.

    Un abrazo