El día que lloré dos veces en Hiroshima

Bosco Soler e Iñigo Soler con colegiales en Hiroshima

Mi hermano y yo con los pequeños colegiales de Hiroshima

Una libélula revoloteaba frente a mí y se posó sobre una valla. Me levanté, tomé mi gorra en mis manos, y estaba a punto de atraparla cuando...

Mientras estuve estudiando en Japón mi hermano vino a visitarme y juntos hicimos un viaje a lo largo de la isla.

Lo llamamos, humildes nosotros, el JapanDestroyTour.

Una de las ciudades que visitamos fue la que 70 años atrás recibió el impacto de Little Boy: la primera bomba atómica, que arrasó el centro de la ciudad y con ello la vida de 140.000 japoneses.

Mi hermano y yo pasamos en Hiroshima un par de días y visitamos, entre otras cosas, el Museo Memorial de la Paz. Éste describía con detalle desde el desarrollo de la bomba atómica hasta el meticuloso estudio que llevó a Estados Unidos a elegir la ciudad de Hiroshima como blanco ideal.

Pero sobretodo, exhibía imágenes y objetos cotidianos que fueron testigos de sus efectos.

Ropas quemadas, fotografías del antes y después de la explosión, o historias como la de Sadako Sasaki, una niña de 2 años que aparentemente resultó ilesa en el ataque y a la que 9 años después le diagnosticaron leucemia a causa de los efectos secundarios de la bomba. La niña, inspirada en la creencia japonesa de que al hacer 1000 grullas de papel se cumplen tus deseos, y pidiendo que el esfuerzo que iba a hacer sirviera para traer la paz y la curación a todas las víctimas del mundo, llegó a completar 644 antes de fallecer.

Salí del lugar con un nudo en el estómago, los ojos nublados y una sensación de angustia similar al día que visité el campo de concentración de Auschwitz.

Silenciosos, mi hermano y yo paseábamos por el Parque de la Paz cuando se nos acercaron un grupo de escolares japoneses. Tendrían 10 años, si llega. Uno de ellos nos preguntó en un inglés difícil de entender:

-  ¡Hola! ¿Podemos haceros unas preguntas?

Sorprendidos y aún en estado de shock por la visita al museo les dijimos que claro.

Nos preguntaron de dónde éramos, qué nos gustaba más de Japón, nuestra comida favorita y alguna tontería más. Antes de irse, uno de los niños me entregó una pequeña bolsa de celofán con algo que parecían figuras de papel y nos dijo:

-  Os queremos regalar estas grullas de papel que hemos hecho como símbolo de paz y de unión.

Se me cayó el alma al suelo.

Después de la cruda experiencia que había tenido visitando un museo que expone la parte más sombría del ser humano, un niño me hablaba de paz.

Mis ojos se nublaban de nuevo. Pero esta segunda vez el sentimiento era distinto.

Mi hermano y yo seguimos paseando y observamos que no eran pocos los grupos de colegiales que se acercaba a turistas occidentales y repetía el ritual. Tuvimos también la oportunidad de hablar con algún profesor.

Yo me puse a reflexionar sobre lo admirable que era el hecho de que las escuelas japonesas organizasen estas excursiones para educar a los niños en la fraternidad y en la paz en lugar del odio y el resentimiento hacia los que fueron una vez enemigos.

Aquello que en su día fue el epicentro de muerte y sufrimiento se había erigido como escenario conmemorativo desde donde alzar la voz contra el uso de armas nucleares y un símbolo de esperanza en la paz mundial.

Dibujos hechos por niños en el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima

Algunos dibujos hechos por niños en el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima

Esa noche volvíamos al hotel con comida para llevar cuando escuchamos una guitarra y algunas voces en la vera del río que atraviesa la ciudad. Tres chavales japoneses tocaban una guitarra mientras cantaban una versión "japonizada" de Wonderwall.

Decidimos sentarnos a unos metros y cenar allí mismo disfrutando de la música.

Al rato nos animamos y empezamos a cantar nosotros también. Y a las dos canciones estábamos todos en corro, cantando y compartiendo la comida. Mi hermano (que es un crack) se puso con la guitarra y se nos hicieron las tantas.

Ellos no sabían inglés, ni nosotros japonés. No hubo prácticamente intercambio de palabras sin acordes. Pero aquella noche volví al hotel con una sensación de felicidad increíble.

En fin, creo que aquel tiempo en Hiroshima es una de las experiencias más emotivas y más humanas que he vivido nunca. Era una historia que quería compartir desde hace meses y de la que cada uno puede extraer su propia conclusión.

Para mi fue darme cuenta que a veces madurar es hacerse un poco más niño . Deshaciéndonos de prejuicios, temores, rencores, y abriéndonos a las personas con una genuina intención de disfrutar del mundo juntos y en harmonía.

* * *

PD: Esta semana he empezado #Equili3rium. Aún es pronto para evaluar la primera semana pero voy por buen camino, ¿Y tú?

PD: Antes escribía en este blog. Ahora comparto ideas y aprendizajes para emprender en la newsletter de SinOficina. Recíbela tú también cada domingo:

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25 comentarios

  1. Hola Bosco. Llegué a tu blog recomendada por una amiga y te leo desde entonces pero nunca había comentado. La entrada de hoy me ha puesto los pelos de punta y me ha hecho empezar el día con una sonrisa.
    Se del esfuerzo que le dedicas pero por favor no dejes de escribir y de inspirar con historias como esta.
    Gracias mil.

    Rocio

  2. La verdad es que hay sitios tan cargados de historia y de historias que es imposible no sentir esa emoción, como algo que flota en el ambiente y lo impregna todo. Hay sitios que sobrecogen simplemente por saber que estás allí.

    Muy buena entrada 🙂

  3. Es increíble que muchas veces las cosas más sencillas sean las que más llegan al corazón. El mundo esta lleno de historias como esas, de dolor o ternura que nos chocan; pero al final la vida creo que eso, quedarte con lo justo y necesario como para hacerte reflexionar y tomarte la vida como decidas.

    Brutal el Post de hoy Bosco. Mis más sinceras enhorabuenas 🙂

  4. Genial!! Simplemente genial, una vez más me has sorprendido. Estas vivencias son las que marcan la diferencia y nos hacen sentir muy humanos, cosa que a veces en el ajetreo de nuestras vidas olvidamos por completo. Estoy emocionada! Un diez.

  5. Muchas gracias por compartir la experiencia Bosco.

    A mi también me desgarró escuchar las historias de la guerra de Yugoslovia de la boca de un hombre que las había vivido al 100%. Habían matado a sus hijos y perdido a su mujer, su casa y su familia.
    Ya lo conté en el post que escribí en Vivir al Máximo pero siempre que lo vuelvo a recordar se me ponen los pelos de punta.

    Haz el amor y no la guerra

  6. En dos días estaré alli. Muchas gracias por compartir tu experiencia. Como siempre, tus líneas son sumamente inspiradoras.
    Saludos desde Tokyo!

  7. La otra parte de la historia, del turismo, de viajar.. uno de esos viajes en los que no solo vuelves con las fotos si no con una sensación que marca para el futuro.

    En mi wish list de próximos viajes europeos esta Ucrania, cuando se lo digo a la gente me dicen que estoy loca pero Chernóbil también es parte del pasado y no todo va a ser posar delante del Big ben o sujetar la torre de Pisa, no?

  8. Pufff no se las que llorarías tu pero yo me he emocionado leyéndolo, realmente bonito lo vivido y sobre todo aparte de vuestra increíble experiencia, que eduquen asi a los niños es muy bonito y algo que mas se tenia que hacer en este mundo en el que vivimos.
    Fomentar mas la paz, el perdón y menos el odio y la venganza....
    Me ha gustado mucho como lo cuentas y como transmites lo vivido, ¡una entrada GENIAL!
    Esperando el siguiente 😉

    ¡Un abrazo!

  9. ¡Yo también he empezado #Equili3rium! De momento, estoy cumpliendo (casi) todos mis objetivos 🙂 Gracias por proponer la iniciativa porque me parece muy buena y también por esta entrada tan emotiva.

    ¡Saludos!

    Cristina

  10. Hola Bosco! Tus posts no dejan de atraparme desde el principio hasta el final. Increíble lo que contaste! Qué ganas de ir a Japón ahora. Un gran abrazo desde BA.

  11. Te encontré hace unos meses por casualidad y vengo de vez en cuando, pero no siempre comento. Me ha encantado la grulla de la paz, ¡qué bonito! Sin duda los hechos históricos marcan la forma de pensar de una civilización y en este caso parece que las escuelas en Japón están intentando llevarlo hacia algo muy bonito, hacia la paz y el amor.

    Estupendo artículo Bosco.

  12. Que maravilla .... se me saltaron hasta las lágrimas al leer esta historia .
    Gracias por trasmitir así tus vivencias, es precioso