La estatua

Estatua de la Plaza del Campillo del Mundo Nuevo

Estas fiestas me quedé en Madrid preparando un proyecto que lanzaré pronto en el blog. El domingo por la tarde estaba ya un poco quemado y necesitaba aclarar ideas, así que cogí mi libreta y salí a dar una vuelta por el barrio.

Acabé en una plazoleta donde los bancos al sol me parecieron mejor idea que meterme en un café. Me senté en uno junto a una señora que leía una revista.

Estaba yo garabateando ideas en mi libreta cuando escucho:

- ¿Va a dibujar la estatua?

Me giro hacia la señora de mi lado sin saber muy bien de qué está hablando y ella, al ver mi cara de gilipollas desconcierto, me señala la escultura que tenía frente a mí.

- ¡Ah! Eeeeh… No, bueno… Más bien estoy escribiendo. No se me da muy bien dibujar.

- ¿Ah sí? ¿Y escribe usted por afición o por trabajo?

- Por afición, supongo. Aunque ahora estoy simplemente anotando reflexiones y pensamientos que me van surgiendo.

- ¿Y qué es escribir sino eso?

A partir de ahí la conversación se mantuvo durante un buen rato hasta que a Juanita, que así se llamaba la señora, decidió que estaba refrescando y me dejó solo con la mujer de bronce.

Allí me quedé, mirándola.

El caso es que, inspirado en el comentario de la mujer, dejé de escribir y me puse a dibujarla.

Hacía una década (literalmente) que no dibujaba una estatua. En primero de carrera era algo que teníamos que hacer en una de las asignaturas y llegué a cogerle bastante manía.

Pero allí en la plaza no tenía presión, ni obligación, ni evaluación, ni sentido ni función.

Poco a poco emergió un boceto de una belleza extraordinaria. Un esbozo de finas líneas que mostraba una figura de proporciones vitrubianas. La gente se amontonaba alrededor mío con jolgorio y admiración.

¡Qué carajo! Era un mamarracho considerable que ocultaba con el brazo cuando alguien pasaba a menos de diez metros de mi banco.

Pero me sentía satisfecho. Me había divertido y no tenía otro propósito. Era un dibujo para mí.

Parece que en la era de las redes sociales nos vemos obligados a compartirlo todo, a mostrarlo como parte de nuestra mejor versión, y muchas veces nos autolimitamos acotando nuestas acciones únicamente a aquellas cosas que se nos dan bien y no nos avergüenza exhibir. “No voy a intentarlo porque no sé dibujar”, “no voy a escribir un poema porque no soy de letras”, “no voy a cantar porque no tengo buena voz”. ¿Se nos ocurría pensar eso cuando éramos niños/as?

Bullshit.

La próxima vez que tengas una estatua delante, dibújala. Escribe un poema y guárdalo. O una canción. O baila en bolas cuando salgas de la ducha. Haz algo que libere una parte creativa de ti, y que solo sea para ti.

Para vivir una vida creativa hemos de perder el miedo a estar equivocados. - Joseph Chilton Pearce

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14 comentarios

  1. Vaya tus reflexiones nunca defraudan. Son simple pero impactantes, gracias por compartirlo con nosotros.

    Ya te ganas de leer el próximo post 🙂

    Un abrazo!

  2. Me reí con el párrafo del mamarracho jajaja. Por un momento pensé que te había salido una obra de arte de verdad!
    Muy directo e inspirador, como siempre 🙂

    Lau.-

  3. Estoy suscrita al blog desde hace algún tiempo, pero nunca me había dejado un comentario. Para esta reflexión, sin embargo, lo tengo que hacer, me ha gustado mucho debido al mensaje que transmite: hay que atreverse a hacer las cosas, sin miedo 🙂 Yo misma últimamente estoy empezando a hacer cosas que nunca me había atrevido y, una vez ya dado el paso, el miedo que tenía antes me parece absurdo.

    ¡Saludos!

    María.

  4. Me ha gustado este post!

    Creo que es importante dejar un poco de "lucirnos" todo el tiempo, tanto en las redes sociales como fuera de ellas. Supongo que eso nos ayudaría a darnos cuenta de que todos hacemos cosas mal, pero que no importa, nadie va a juzgarnos por ello.

    Me ha gustado la comparación con la infancia -sí, me gustaría recuperar esa fijación con el momento presente, y jugar más, como los niños.

    Un saludo y a seguir escribiendo, dibujando o bailando en bolas!
    😉

  5. Simplemente, me ha encantado. Me ha hecho inspirarme. Y sentir. Confío en guardar en el recuerdo este pequeño tesoro y acordarme de tus palabras cuando no me vea capaz de enfrentar alguna "estatua". Gracias 🙂

  6. Hola Bosco.
    Justo eso me acaba de suceder hace poco. Tengo una asignatura que es dibujo para la ingeniería, en fin. Debía dibujar una botella con perspectivas etc etc etc. Literal quedó un mamarracho y ahí la dejé, a medias. Espero este fin de semana tomarme un tiempo y retocarla y que quede algo mucho mejor.
    Gracias por tu reflexión

  7. Quizá también sea eso, nos hace falta salir un poco de la ofi, pasear y respirar, pararnos a hablar con la gente por simplemente el placer de hablar, fuera de nuestra zona de confort. Grande Bosco!!

  8. Buenas noches,

    vengo rebotada de "Vivir al máximo" y descubrirte me ha gustado.

    Cuanta razón en tus palabras.

    En las redes sociales siempre somos perfectos, siempre expuestos. Pero los mejores son los que dicen que han hecho un mamarracho de dibujo, jaja.

    Si quieres tener éxito de verdad ve a contracorriente de los demás....

    Un saludo.

  9. Sí que tiene esto tiempo... Pero no me puedo aguantar y tengo que escribir, jajaja. Esta espontaneidad me recuerda a cuando me encuentro riendo sola (y haciendo ruido si me da la gana, que es muy sano) por la calle cuando me acuerdo de algo gracioso, o tarareo en el autobús cuando la canción que llevo en los cascos es tan pegadiza que la escucho mil veces. Posiblemente me vuelva a sentar algún día en una plaza de Madrid a escribir (o a pintar estatuas, venga, probaré...) como hacías en este post; me sacó las ganas.

    Gracias por haberlo contado. No caduca y es genial 🙂

  10. Te he descubierto en Tailandia de casualidad 😁 Me encanta lo que haces y me siento muy identificada. Gracias, Bosco!