Cómo generar acciones de gran impacto

A raíz de este post de Joel Califa hablando sobre lo que él denomina “tiny wins” o pequeños triunfos —refiriéndose a esas pequeñas mejoras que cuestan poco de implementar pero que tienen un gran impacto en la experiencia de los usuarios de un producto— estuve reflexionando sobre mi propia evolución a la hora de ofrecer una cartera de servicios y en el impacto que provocaban cada una de las soluciones. Una evolución que, sin haberlo planteado así, tendía hacia esa búsqueda del mayor impacto posible con más o menos inversión de tiempo.

Seguro que te has cruzado antes con este gráfico:

Y, si no lo has hecho, empezarás a intuir que lo ideal es que las acciones que implementas en tu negocio —o el proyecto en sí— estén destinadas a causar un efecto positivo importante en la vida de tus clientes o usuarios, ¿verdad?

Yo esto no lo tenía tan claro al principio. Y me he dado cuenta que mi camino como diseñador web ha ido pasando todas y cada una de los 4 estados definidos en el gráfico. Pero empecemos por el principio...

El malo: Mucho esfuerzo, poco impacto

En uno de mis primeros trabajos web un cliente me pidió que hiciese la página de su empresa, pero él mismo había decidido su estructura, los apartados, los textos... ¡todo! ¡Y además me pasó el diseño hecho en un Excel!

Mi trabajo fue “simplemente” implementar su diseño. Un ejercicio puramente técnico para hacer algo vacío en análisis y en creatividad. Tras varios días de trabajo terminé una web genérica, sin personalidad, que tardó poco más de un año en ser sustituida por otra (que esta vez sí, diseñamos desde el principio).

Mucho esfuerzo para poco impacto.

El bueno: Mucho esfuerzo, gran impacto

Esa segunda web sería un ejemplo de este segundo caso. El esfuerzo fue prácticamente el mismo que en la primera página web pero esta vez el impacto fue mucho mayor porque tuvimos la posibilidad de poner todo nuestro conocimiento al servicio del proyecto.

Esto es a lo que aspiramos muchos, ¿no? Hacer algo que tenga un efecto positivo en la vida o el negocio del cliente/usuario, algo que normalmente nos lleva cierto esfuerzo o tiempo.

El débil: Poco esfuerzo, poco impacto

Parece lógico, ¿verdad? Algo que lleva poco tiempo hacer es difícil que tenga un efecto importante. Aunque al menos está compensada, no como el primer escenario.

En mi caso fue cuando comencé a ofrecer el servicio de soporte técnico para WordPress y MailChimp en paquetes de horas. Poco tiempo para hacer algo que podría hacer casi cualquier otro profesional y tampoco me daba la sensación de estar generando un gran impacto después de cada contratación.

El puntazo: Poco esfuerzo, gran impacto

Hace un par de meses lancé FeedbackHonesto.com con la itención, precisamente, de reducir al mínimo el esfuerzo de una consultoría reduciendo el tiempo y automatizando todo el proceso de contratación. Acortar el tiempo a 15 minutos todavía me permitía poder dar unas directrices básicas de qué mejorar o en qué dirección seguir trabajando. Y automatizar el proceso permitía que, si la grabación duraba 15 minutos, yo empleara 16 en el proceso completo. Nada de intercambios de emails para acordar fechas, nada de redactar documentos.

Resultó que el impacto de esos 15-20 minutos fue brutal para los clientes en relación al tiempo o al esfuerzo empleado.

Cuando analizo estos cuatro casos me doy cuenta de algo que se me habría pasado por alto de otro modo: Las acciones que estaban generando un mayor impacto (con mayor o menor esfuerzo) eran aquellas en las que ponía en juego no solo mis competencias hard (programación, saber usar un software) sino también las soft (inteligencia emocional, ponerme en el lugar del usuario/cliente para resolver el problema).

Mucha gente sabe desarrollar una web, pocos saben hacerlo de manera que cumpla su objetivo.

Muchos saben cómo usar un programa de dibujo vectorial, pocos saben concentrar toda la esencia de una marca en un pequeño logotipo.

Todo el mundo sabe escribir, pocos saben redactar el copy adecuado para un negocio online.

¿Habría podido desarrollar una web sin competencias técnicas? Por supuesto que no. Pero en un entorno laboral cada vez más globalizado y con gente haciendo lo mismo que tú a 10.000 kms, si quieres que tus acciones generen o sigan generando un gran impacto, no olvides que no todo es técnica y comienza a desarrollar tu inteligencia emocional.

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5 comentarios

  1. Interesante artículo, Bosco.

    En mi opinión, cada vez hay más gente ofreciendo los mismos servicios y, como las herramientas digitales disponibles nos facilitan las cosas en el apartado técnico, las páginas webs, en general, tienen cada vez mejor aspecto y usabilidad, por eso es tan importante, comparto tú opinión, reflejar en nuestros proyectos ese lado más personal, lo que nos diferencia del resto.

    El problema es que nos cuesta exponernos tal y como somos, por eso tendemos a imitarnos unos a otros, seguimos las mismas pautas, aplicamos las mismas fórmulas contrastadas por expertos que, al fin y al cabo, no dejan de ser más de lo mismo.

    Hay un tono y una estética predominantes que obviamente nos influyen, por eso es tan importante encontrar un punto de ruptura entre esa homogeneidad predominante y la particulidad que nos diferencia, que al fín al cabo es lo que va a sobresalir en la propuesta que expongamos.

    Un saludo Bosco, aprovecho para felicitarte por tus logros recientes.

  2. Hola!

    Una reflexión muy interesante... cuando acabamos mecanizando los procesos sin incluir la parte emocional, nos reducimos un poco a "máquinas", nos quitamos la esencia humana de emociones, que al final, es lo divertido y lo que nos hace únicos :D.

    Un abrazo y mucho éxito en futuros proyectos.

  3. Qué importantes son las soft skills y a veces qué poco "se venden" y qué poco salen en los CV's... los departamentos de recursos humanos o dirección de personas, y también la contratación por outsourcing debe poner más la lupa en estos aspectos, que son los que al final van a diferenciar un servicio de otro. Muy buen artículo! Siempre útil y conciso 🙂 Saludos a todos!